Historias verdaderas: el hospital que nació del pueblo

Hospital Galan y RochaEl hospital es una de las instituciones más antiguas de Paysandú. Si bien su emplazamiento y edificio actual –que ha sido objeto de modernas remodelaciones y ampliaciones—data de 1915, su existencia institucional se remonta a casi 150 años atrás. Por otra parte, cabe destacar que la sociedad sanducera fue la primera del Interior que, por impulso propio y cooperación popular,  tuvo un hospital.

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Arboles con historias

arbol_WEBPor Carol Guilleminot.
Las grandes ciudades, en las que uno debe estirar el cuello para ver un rectángulo celeste y luminoso allá en lo alto me han hecho sentir como un individuo desvalido en el gran hormiguero planetario. Por el contrario, caminar por cualquier avenida con árboles, cruzar un parque o una plaza produce la agradable sensación de tener espacio, la libertad de elegir caminar por la sombra o el sol, llenarse la vista en forma agradable o parar un momento par recuperar fuerzas si se está cansado.

La relación del ser humano con el árbol es ancestral y seguramente desde que el mundo es mundo el hombre buscó su sombra, su protección, sus frutos, su leña, lo plantó y cortó, lo llevó a su casa, le dio significados y lo incluyó en sus relatos.

De la misma manera, los árboles de una ciudad tienen historia y quién sabe qué historias contarían si mágicamente adquirieran, aunque sea por un rato, la facultad del habla. Los árboles de las plazas contarían historias de niños que han visto crecer, de viejos alegres y tristes, de soledades, encuentros, y de enamorados.

Hay un árbol de mi infancia que hablaría de juegos, tacitas de té, muñecas y zapatos de tacos altos. Es el mismo árbol bajo el cual nos reunimos en familia, en verano, a comer asados.

Viejo y querido paraíso, enhiesto en lo alto de una loma, plantado por mis antepasados. ¡Cuánto dirías si pudieras de los tiempos idos y presentes, de cuánto o cuán poco hemos cambiado!
Una pareja de lechuzas hoy te anida, como si a falta de niños son los pájaros los que requieren tu sombra, abrigo y cuidado. Mis hijos han descubierto el nido, encantados. En la primavera les enseñaré a hacer collares de tus flores pero hoy tus hojas crujieron bajo mis pies y los recuerdos me atraparon.

Despacito, desde el tapiz amarillo los chasquidos me alertaron: renacerás en primavera y yo seguiré caminando y aunque no sepa cuán corto o largo será el camino que no olvide –me dices—disfrutarlo. ¡Has hablado! ¡Has hablado!

Arco iris, el de Newton y el de Keats

arco-iris1¿Quién no se ha quedado alguna vez –sino varias—en su vida mirando absorto el arcoiris? De niños soñábamos con adivinar dónde termina y qué habría ahí. Leyendas y fábulas se han tejido en torno a este singular y bellísimo espectáculo de la naturaleza.

Según la Biblia apareció en los días de Noé, después del diluvio: “Cada vez que aparezca el arco iris entre las nubes, yo lo veré y me acordaré del pacto que establecí para siempre con todos los seres vivientes que hay sobre la tierra” (Genèsis 9:16).

A lo largo del tiempo, las referencias literarias lo han vinculado a lo maravilloso, a lo mítico y en cierta medida, también en la actualidad su imagen es utilizada en historias fabuladas en las que se apunta a demostrar una verdad moral que, a modo de advertencia o consejo, se sintetiza al final de la narración en una moraleja. Una me llegó el otro día entre tantos mensajes no deseados que nos depara la bandeja de entrada del correo electrónico.

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