Bernardino, bisnieto de Sepé, el último cacique charrúa

Charrúa-descendiente.jpg_WEB© Por Carol Guilleminot
Hubo un tiempo en que los indios pisaron, amaron, rieron y lloraron en este suelo.  Hubo una época en que aportaron sangre, fuerza y coraje a la gesta por la independencia.

Luego fueron exterminados, apartados de la historia oficial y olvidados.

Hubo un día en que un hombre joven vio partir definitivamente a su anciano padre sin saber que para él sería un nuevo principio. Ese fue el día en que Bernardino se enteró que por sus venas corría sangre charrúa. Y decidió ser indio.

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Dale pedal

ciclPor Carol Guilleminot

El mayor contratiempo puede a veces convertirse en una oportunidad para ver las cosas de otra manera o, sencillamente, ver lo que no se había visto.

En la ruta, en pleno verano, con un raquítico árbol de tala cerca de una alcantarilla por toda vegetación, intentaba disipar mi contrariedad hasta tanto llegara la grúa. Sin agua en el termo y un paquete de gallitas saladas por toda compañía, simplemente esperaba.

Camiones, autos, camionetas y ómnibus pasaban rápidamente en ese tramo llano del camino ubicado tras una empinada cuesta. Del otro lado del alambrado, vacas.  Enfrente ovejas. Agobiante el calor.

Una  vez me contaron –y pude comprobarlo— que en la costa del golfo de California, una de las zonas de biodiversidad más ricas del planeta, todas las mañanas hay una densa bruma que viene del mar, que acorta la visibilidad y engaña al forastero, haciéndole pensar que ese día no alumbrará el sol. Sin embargo, es raro que llueva y cada mediodía el cielo está despejado y azul.

Lo mismo estaba pasando con mi enojo, gracias al efecto de tranquilidad campera que lo inundaba todo y el verde y más verde que se extendía a lo lejos hundiéndose en el horizonte en engañoso fin.

Fui ahí cuando lo vi. Venía a ritmo lento pero no cansado. Su ropa estaba gastada por el sol pero no era andrajosa. Lentes oscuros. Piel curtida. Sombrero con barbijo, buzo de manga corta y equipo jogging. Ataba una mochila grande, una carpa y  pequeña  olla a una parrilla de la bicicleta. Al llegar junto a mi camioneta, paró.

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Arboles con historias

arbol_WEBPor Carol Guilleminot.
Las grandes ciudades, en las que uno debe estirar el cuello para ver un rectángulo celeste y luminoso allá en lo alto me han hecho sentir como un individuo desvalido en el gran hormiguero planetario. Por el contrario, caminar por cualquier avenida con árboles, cruzar un parque o una plaza produce la agradable sensación de tener espacio, la libertad de elegir caminar por la sombra o el sol, llenarse la vista en forma agradable o parar un momento par recuperar fuerzas si se está cansado.

La relación del ser humano con el árbol es ancestral y seguramente desde que el mundo es mundo el hombre buscó su sombra, su protección, sus frutos, su leña, lo plantó y cortó, lo llevó a su casa, le dio significados y lo incluyó en sus relatos.

De la misma manera, los árboles de una ciudad tienen historia y quién sabe qué historias contarían si mágicamente adquirieran, aunque sea por un rato, la facultad del habla. Los árboles de las plazas contarían historias de niños que han visto crecer, de viejos alegres y tristes, de soledades, encuentros, y de enamorados.

Hay un árbol de mi infancia que hablaría de juegos, tacitas de té, muñecas y zapatos de tacos altos. Es el mismo árbol bajo el cual nos reunimos en familia, en verano, a comer asados.

Viejo y querido paraíso, enhiesto en lo alto de una loma, plantado por mis antepasados. ¡Cuánto dirías si pudieras de los tiempos idos y presentes, de cuánto o cuán poco hemos cambiado!
Una pareja de lechuzas hoy te anida, como si a falta de niños son los pájaros los que requieren tu sombra, abrigo y cuidado. Mis hijos han descubierto el nido, encantados. En la primavera les enseñaré a hacer collares de tus flores pero hoy tus hojas crujieron bajo mis pies y los recuerdos me atraparon.

Despacito, desde el tapiz amarillo los chasquidos me alertaron: renacerás en primavera y yo seguiré caminando y aunque no sepa cuán corto o largo será el camino que no olvide –me dices—disfrutarlo. ¡Has hablado! ¡Has hablado!

Lazadas de amor

DSCF0048-b_WEB

Casi nunca publico cosas personales en este blog…pero esta vez es distinto y la intención es agradecer.

Los zoquetes de la foto –así le llamamos por aquí a los zapatitos tejidos en lana para bebés– los tejió mi abuela Delia para Emilia, su nueva bisnieta que pariré en cualquier momento.

Delia tiene 92 años, manos un poco temblorosas y ojos un poco enfermos, pero no es lo único que le tejió: también un gracioso pantaloncito con tiradores que hace juego con los zoquetes y una campera blanca.

No es la única que ha tejido: mi madre, mi suegra, mi cuñada –y futura madrina de Emilia– lo han hecho en diferentes formas y colores de ropa de bebé.  Otra tía cosió la sabanitas para la cuna y el asunto no se quedó en la familia, puesto que dos compañeras de trabajo tejieron también sendos rebozos para abrigar la bebé…A esto debería agregar una larga lista de regalos que esta niña ha recibido antes de nacer provenientes de familiares y amigos así como la ropa heredada  de mis sobrinos…

La llegada de un bebé a la familia–especialmente cuando ha pasado tanto  del anterior– ha sido motivo de alegría para todos pero la verdad no me esperaba que todas estas personas destinaran tanto tiempo personal para nosotros.

Un regalo, sin importar su valor económico, siempre alegra cuando uno sabe que viene desde el corazón. Sin embargo, un regalo hecho con las propias manos es aún más valioso.  Y esto vale tanto para la flor que cortamos al rosal de nuestro jardín, una artesanía, manualidad, una tarjeta, una carta o un relato.

En el caso de estos tejidos, cada punto es un nexo de amor. Pasa igual que con las relaciones humanas: se requiere tiempo y paciencia para cimentarlas, no siempre se avanza lo rápido que uno desea pero una vez iniciada la tarea y vista la obra incipiente es imposible no querer seguir.

La familia y los amigos son, como los puntos, lazadas que unen y generan una obra mayor. Los afectos se eligen y sean muchos o sean pocos son siempre indestructible obra de amor.

Historias verdaderas: Ruben Darío en Paysandú

© Por Carol Guilleminot

darioEl nicaragüense Rubén Darío fue el poeta de lengua castellana más influyente de su época, al iniciar la modernidad literaria en el continente americano.

Sin embargo,  es un hecho poco conocido la visita del gran poeta a Paysandú, donde luego de presentarse en el Teatro Progreso permaneció cinco días enfermo en el Hotel Concordia.
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