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“Los colores de un arcoiris”, un libro para compartir

Julieta Minetti, autora de "Los colores de un arcoiris"

“Los colores de un arcoiris” es un libro testimonial: da cuenta de la intensa experiencia de vida de Julieta con su hijo Facundo Minetti.

Invitada por la autora, tuve la satisfacción de presentar el libro “Los colores de un arcoiris, de Julieta Minetti, en la sala de conferencias “1º de Julio” de diario El Telégrafo, en Paysandú.

A continuación, dejo mi presentación. Luego de ella, Julieta compartió algunos de sus textos con los presentes.

Su publicación es un obsequio que ambos recibieron de Editorial Santillana y  la Fundación Teletón, a la cual está vinculado Facundo. Es también parte de un sueño de Julieta, que en enero de 2008 comenzó a escribir sobre su experiencia y aprendizaje como mamá de un niño con capacidad diferente.

El libro sintetiza en 38 páginas y 16 textos una historia de mutuo amparo y sacrificio, de un recorrido emprendido hace más de nueve años, y contiene también un gran mensaje, que ustedes conocerán hoy a través de la lectura de algunos textos que hará Julieta.

Como ella misma señala en el prólogo, no es una biografía, sino el resumen de un aprendizaje y del crecimiento que han realizado  en su tránsito por este mundo “especial”.

“Desde mi rol de mamá, mi objetivo es dejar plasmados, en cada hoja, el amor, la esperanza”. “Anhelo que les resulte una lectura agradable y reconfortante para el alma,y que les sea de utilidad en sus vidas”.

En cuanto a la primera parte de ese deseo, tras la lectura del libro puedo decir que se cumple a cabalidad. “Los colores de un arcoiris” transita por un lenguaje sencillo, hasta coloquial a veces, con una economía expresiva que no es escasez sino depuración. La depuración que hace alguien cuando, luego de pensar mucho las cosas, opta por el papel y el lápiz para escribir.

Estos textos fueron escritos así, en alguna cuadernola con la esperanza de que quizá algún día pudiesen ser publicados;  y celosamente guardados hasta que la obra estuvo terminada y pronta para, entonces sí, ser compartida con todos.

Se trata de un libro, a mi juicio muy bien escrito,  donde cada palabra tiene su razón de ser. Un texto que nos propone un recorrido por una realidad dura y compleja: la de la discapacidad.

En alguna medida, es también un libro de iniciaciación. No utilizo este término porque sea ésta la primer obra publicada por la autora, sino en el sentido de los libros que la literatura califica así: aquellos en los que el personaje emprende un recorrido al fin del cual ha realizado un aprendizaje y resulta fortalecido con la experiencia adquirida.

Ese recorrido puede ser real, llevándolo en un perigrinaje por diferentes lugares o puede ser un recorrido interior: el viaje se realiza por la geografía del alma.

Y, me animo a inscribir a “Los colores de un arcoiris”, entre éstos últimos. La misma autora, sin querer lo está indicando en el prólogo cuando desea que su mensaje nos sea “reconfortante para el alma” y de utilidad en nuestras vidas. La diferencia es que aquí no hay ficción, todo sobre lo cual se escribe ha pasado, ha sido vivido y asumido.

Todo libro camina, se echa a andar sobre uno o dos grandes temas. La arquitectura del libro de Julieta se sostiene en dos grandes metáforas: la metáfora del viaje y la metáfora de los colores.

La primera, de larga tradición en la literatura asocia el viaje a la vida, o lo que es lo mismo, la vida como un viaje por el mundo que nos ha tocado vivir.

El libro y el viaje de Julieta, se inician no con el nacimiento de Facundo, sino antes y es por eso que en su primer texto reflexiona sobre lo que esperan los padres ante la llegada de un niño, sus expectativas y deseos y entonces se pregunta: “Qué sucede cuando el niño que nace no es tan perfecto como se hubiera deseado?”

Y su conclusión aplasta cualquier debate y especulación: “No es el niño que decepciona a los padres, es la idea que el padre se ha creado del niño. Somos nosotros mismos los que nos decepcionamos y sufrimos. El no tiene culpa alguna. Es como es y no sufre por eso”.

A partir del nacimiento de Facundo, con 916 gramos de peso, el libro comienza a transitar en torno a él y lo que genera en su madre, la familia y la sociedad.

No podría decir que en este viaje él es el protagonista, sino más bien lo que vemos es un binomio en interacción.

Por un lado aparece Facundo, un niño feliz,tierno,confiado,cariñoso, dotado de un gran carácter, una persona con una sensibilidad exquisita y un oído musical como jamás yo lo podré tener. Es también un sobreviviente y un luchador ya que de muy feos trances se ha repuesto.

Por otro lado, está Julieta. Una madraza, una mujer joven a quien le tocó tomar decisiones difíciles desde la soledad de su propia conciencia. Una buscadora.¿Qué buscaba? Ayuda, respuestas. Revertir un diagnóstico capaz de paralizar a cualquiera.

Señalaba al principio la metáfora del viaje.Y para viajar se necesitan mapas, cartas de navegación, señales pero en este viaje no las hay.

Uno de los textos del libro se titula “La brújula”. Allí dice: “andar con mi niño en brazos después de escuchar que tenía un problema fue como navegar sin brújula”. ¿Qué era la brújula para Julieta? “No es un lugar ni una persona, sino nuestra capacidad de orientarnos bajo la presión de situaciones extremas”,dice.

Tampoco se viaja sin equipaje. Y en este viaje, créanme, la mochila pude llegar a ser muy pesada. Sin embargo,“un hijo con capacidad diferente no es una carga ni una cruz,ni un problema”.

En este caso la mochila contiene “nuestras responsabilidades, nuestras ideas, nuestros problemas,nuestra manera de resolverlos. Es bueno sí, pedir,aceptar y brindar ayuda,pero no hay que tomar roles que no nos pertenecen y  tampoco ignorar lo que si nos compete”.

“Carga con la mochila que puedas pero sin recargarte.Unicamente de esa manera uno viaja más liviano y puede disfrutar mejor del paisaje”,es la frase que cierra el texto titulado “Las mochilas propias y las ajenas”.

En un viaje no faltan las miradas. Observamos y somos observados como paso previo a la interacción con el otro porque somos seres sociales y necesitamos reafirmarnos también en relación y con relación a los otros. Y hay miradas y miradas. Están las miradas que discriminan por egoísmo, ignorancia. Está el indiferente que mira y no ayuda, no cede el asiento, pero también la mirada curiosa, pura y carente de egoísmo del niño que no acepta que uno de los que juega en el arenero no pueda caminar y lo mira y le dice “ya vas a poder”.

La integración y la responsabilidad de los padres en ella, el cuidado de la dignidad, el placer de jugar por jugar, el tiempo, el amor, también tienen su lugar en el viaje.

Después, está la metáfora de los colores, presente desde el título mismo del libro: “Los colores de un arcoiris”

¿Qué sería de la vida sin colores no? ¿Qué sería de este mundo si después de una gran lluvia no existiera el arcoiris? Ambas son percepciones que tienen su explicación científica pero me gusta pensar en ellos como cuando era niña: también son un espectáculo de magia, que la naturaleza, Dios o vaya a saber qué o quién y por qué nos regala.

¿Cuál es la verdad del arco iris? ¿Por qué los colores de este libro son los colores de “un” arcoiris y no “del” arco iris? ¿Es que acaso hay más de uno?

Ex profeso, no voy a contestar estas preguntas porque seguramente cada uno tendrá una respuesta personal y podrá responderlas después de leer el libro.

Solo voy a señalar que detrás del arcoiris de Julieta y Facundo hay también un gran acto de voluntad. De empecinada voluntad, diría yo, en creer y hacer posible aquello de que “si se quiere se puede”.

Y sí, si se quiere se puede también ser feliz a pesar de las muchas piedras que puedan aparecer en el camino. Como dice Julieta en el libro, propósito de la aceptación, “este proceso puede llevar un período largo de tiempo, depende de cada uno, pero créanme que cuando uno ha logrado digerir el “trago amargo” el resto del vaso se torna dulce”.

“De repente tienes parte de la respuesta frente a tí. Parte de la respuesta, la otra parte depende de uno mismo”.

Carol Guilleminot

3 de setiembre 2010

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