Candidatos 2010 a la Intendencia: Salomé Wolman

Por Carol Guilleminot

 

Tiene 52 años y no le importa decirlo. Muestra orgullo por sus primeras arrugas porque evidencian que ha vivido y tiene experiencia. Fue directora del Hospital y es médica homeópata. Se llama Salomé Wolman y es candidata a intendenta por el Frente Amplio.

Fue una niña de juegos en la vereda en la zona de Bulevar y Washington. Le gusta el río, del cual tiene imborrables recuerdos pues allí aprendió a nadar cuando iba al Remeros. Dice que de adolescente era “gordita” y coqueta.

Fue a la Escuela Nº 8 y luego al Liceo Departamental. “Tengo recuerdos maravillosos de la vida de barrio. Éramos doce o catorce chiquilines que jugábamos en la calle en una época en que se podía hacer con tranquilidad. Fue una infancia de bicicleta, muchos amigos y juegos, perros y aire libre invierno y verano”, dice la recordar la época en que la familia vivía en un apartamento ubicado arriba de la barraca de su padre, que se dedicaba al acopio y comercialización de cereales, lanas y cueros.

Conserva amigos de aquellas épocas, del Remeros y el Anglo, donde estudiaba inglés. “Pertenezco a una generación donde muchos compañeros tuvieron la posibilidad de estudiar y otros empezaron muy temprano a trabajar. A algunos los veo seguido y la sensación que tengo es que dejé de hablar con ellos a los 17 o 18 años y ahora estamos retomando”.

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La vida transita por otro lado

Le tocó ser la hermana del medio y eligió su profesión por la vocación que despertó en ella el médico de cabecera en su casa, Pablo Zunín Padilla,  quien fue para ella “una figura señera”.

“En mi casa se hablaba de política en la mesa, mi padre era militante del Partido Comunista y a la vez miembro de la colectividad judía. Leíamos muchos diarios. Mi madre era zelmarista. Cuando murieron sus padres usó medio luto y cuando murió Zelmar Michelini usó luto riguroso un año. Ellos nos enseñaron que la política era parte importante del desarrollo de un individuo”, dijo.

Cursó la Universidad durante la dictadura y fue militante de izquierda en forma clandestina. Mientras tanto, trabajaba llevando la contabilidad de un centro de enseñanza privado donde conoció las máquinas Audit, a las que considera un “antecesor” de las computadoras.

Luego, ser practicante de Medicina le abrió otras puertas laborales en farmacias y mutualistas. El dinero que ganaba en esos trabajos lo destinaba a “vivir un poco más holgadas” en Montevideo, donde también estudiaba su hermana. “Los libros salían muy caro, no había fotocopiadoras, a las que conocí en sexto año de Facultad de Medicina”.

Asegura que vivió una dictadura “muy dura” dentro de la Facultad, a la que ingresó en 1975. “Se exiliaban profesores, desaparecían compañeros. Yo tenía una militancia nocturna cuasi clandestina y teníamos que ser muy buenos estudiantes, trabajar y tener formas organizativas políticas para que no muriese la ideología y sostener la situación de tantos compañeros que estaban en riesgo”.

Aún así no se sintió perseguida. “La idea de la existencia de compañeros que habían dado la vida y otros que estaban presos y en riesgo de morir todos los días hacían que uno redoblara el esfuerzo…Formas clandestinas de militancia eran andar con sacos largos negros con los bolsillos cortado por dentro y caminar arriesgando una avenida…Eso era clandestino y arriesgado. En la Facultad no se podía hablar ni tocar las paredes, los varones entraban por un lado y las mujeres por otros. Estábamos horas para poder ingresar a una clase, siempre en fila y avanzando en diferentes estaciones donde nos demoraban mucho tiempo. Había que soportar represión”.

La medicina, una forma de trabajo

En esos años, cambió su forma de ver la Medicina a la que le critica las “súper especialidades” que “cada vez separan más al ser humano”.

Asegura que se reencontró con su profesión a través de la homeopatía, que busca al ser humano integrado en su función, sus sentidos y sus afectos y a toda esa unidad integrada en un contexto familiar y social. “El mejor médico, la mejor persona es la que siente el dolor del otro”, asegura.

Considera a su profesión médica  “simplemente como una forma de  trabajo”. “Es algo que hay que hacer muy bien y honrarlo pero no es más que una profesión”. “Para mí, la vida transita por otro lado”, afirma.

 “No me gusta Montevideo”

Paysandú no sólo es el logar de nacimiento de esta mujer, sino también su lugar en el mundo. “Fui a Montevideo a estudiar pero no me gusta, trataba de terminar lo antes posible para volver a Paysandú. Siento un profundo arraigo”, asegura.

Prefiere el río, la costanera, los espacios verdes. “Me gusta que la gente saluda y pregunta cómo está uno, o le desea buen día. El interés por el otro, por escucharlo. También tenemos una ‘garra’ especial y el peso de una historia que viene de las tres defensas y una forma de ser sanducero”.

“Cuando puedo nado pero no lo practico en forma rutinaria y lo extraño. Fui de andar mucho en bicicleta hasta que tuve un auto. A mi hija la llevaba cuando chica a todos lados en bicicleta. Hoy dependo de horarios y tengo que andar en auto”.

Gusta de mirar películas europeas aunque también le gusta el cine uruguayo y argentino. Prefiere las películas románticas y biográficas. Se define como “radiófona” porque “escucha la radio para dormir, no la música, sino la opinión y las personas que permiten a los demás expresarse”.

Una familia, una casa

Extraña el núcleo familiar. “Mi hija está estudiando en Montevideo, Mario también por trabajo. Para una persona como yo, que armó toda su vida para que el núcleo familiar estuviera unido, esto representa un desafío y un nuevo aprendizaje. Considero que el núcleo familiar es fundamental para el ser humano y no creo que se puedan criar bien los hijos fuera de él. Aunque no sea el miembro biológico generador de esa persona, tiene que haber un núcleo familiar con un rol padre, un rol madre, un rol adulto mayor”.

Por eso, hasta que su hija tuvo 10 años trabajó sólo como medico general en policlínicas sindicales, siendo madre a tiempo completo. “No me perdí absolutamente nada de mi hija. Su primer juego fue conmigo y eso fue algo absolutamente extraordinario. La llevé a la guardería en bicicleta todos los días. Vivencié la escuela, donde integré la comisión de padres. Cuando ella tenía 10 años, resolví hacer mi posgrado de homeopatía y empecé a viajar seguido a Montevideo”.

“Nunca planifiqué mi vida. Nosotros tuvimos que empezar de la nada. Somos dos personas que pensamos que la fuerza viene del grupo familiar pero no podíamos cargar a nadie más con nuestras historias, que son de absoluto compromiso. No podemos cargar a nadie más con decisiones de vida tan fuertes como dejar de lado lo material en aras de un idealismo. En un mundo absolutamente materialista es ir contra la corriente pero hemos podido desarrollar una carrera y una forma de vida de acuerdo a ese concepto. Jamás nos sentimos raros, anormales o diferentes, que son maneras de excluir”, dice.

La casa es el reducto donde “baja los decibeles” y sintoniza con el descanso. Le encanta cocinar y su especialidad son las preparaciones saladas: verduras grilladas, tartas y carnes. “Me doy maña en la cocina, me gusta, hasta tuve mi época de mirar programas y sacar recetas”, confiesa.

Es madrugadora y le alcanza con dormir cuatro horas por día. Acostumbra levantarse antes de las 6 para estudiar y preparar su jornada. Actualmente, sus horas de estudio están enfocadas fundamentalmente al aterrizaje de diferentes temas en la propuesta de su partido para la Intendencia y en el análisis de diferentes temas vinculados con la acción del municipio.

Mujer y política

Opina que a la política las mujeres pueden aportar sensibilidad, buena administración y “organización a la hora de abrir el monedero y distribuir correctamente el presupuesto”. “La casa y la política son dos campos que aparentemente están separados y no son otra cosa que la reproducción de lo que lo que una mujer hace en su vida más cotidiana hacia lo más trascendente públicamente”.

Admite que, en lo personal, le gusta tener el dominio de la organización de la casa porque es algo que le brinda seguridad.  “Me gusta tener el dominio de la cocina, de las cuentas, de los gastos. No soy avara pero el tema de la organización de cada cosa que voy a hacer es fundamental para mí. Miro la gestión de una institución pública como la de una casa desde el proceso, viendo el por qué y para qué de cada cosa antes de presupuestarla, llevarla adelante y ver luego si está acorde a lo que había pensado”.

¿Cómo te ves en la Intendencia? Si improvisar y con un equipo de gestión. Con mucho trabajo, con exigencia productiva.

“La gente no quiere discursos, quiere ser escuchada y oída, quiere compromisos”, dice.

Afirma que “para estar a la altura de esa exigencia” y dedicarse de lleno a la campaña política ha reducido la actividad de su consultorio de homeopatía, renunció a su cargo en la policlínica de Azucarlito y tiene decidido que no volverá a la Dirección del Hospital Escuela del Litoral “Galán y Rocha” porque considera que no sería “ético” al pasar a ocupar su esposo la presidencia de la Administración de Servicios de Salud del Estado (ASSE).

Asegura que su “sentimiento político” va por el lado del desarrollo de un proyecto absolutamente frenteamplista con absoluta responsabilidad porque “hay mucha gente que dio lo máximo que tenía –su vida—para ese proyecto continuara”

Nota: Una versión más corta de este artículo fue publicado en la revista Quinto Día, de El Telégrafo.

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