Tomátelo con soda

sodaEs muy posible que antes de los romanos ya se conocieran las aguas carbonatadas efervescentes, pero a ellos se les adjudica él haber descubierto fuentes naturales de esas aguas.

La historia cuenta que las transportaban largas distancias en recipientes sellados para que no perdieran la efervescencia y pagaban por ellas cifras verdaderamente exorbitantes, por lo que su uso era patrimonio exclusivo de los adinerados, quienes les adjudicaban propiedades medicinales especialmente en afecciones vinculadas al sistema digestivo.

Las primeras pruebas de fecha de fabricación de agua mineral artificial data del siglo XVI, pero en ese tiempo se conocía imperfectamente el ácido carbónico, lo que dificultaba la dosificación y reproducción de los elementos de las aguas minerales. Recién en el siglo XVIII se las comenzó a producir artificialmente, mezclando un ácido con carbonato de sodio, llamado comúnmente soda.

De allí el nombre de esta bebida hoy tan común en millones de hogares. Asimismo, los avances tecnológicos que trajo la Revolución Industrial permitieron mejorar notablemente el sifón.

El ingeniero alemán Andreas Brehme, fue quien diseñó un sistema de poleas y resortes en miniatura que entraban en un cilindro de dos centímetros de diámetro por cinco de largo.

Los primeros sifones se vendieron en Alemania, que pronto exportó a Inglaterra..

La soda, casi como la conocemos en la actualidad, llegó al Río de la Plata desde Europa a mediados del siglo XIX. Se la importaba en garrafas con cierre hermético y continuaba siendo un producto de élite ya que estaba destinada a grupos de alto poder adquisitivo que podían pagar su precio.

Poco después también llegaron desde Europa las primeras máquinas para la producción y los primeros sifones de vidrio, que dio lugar al nacimiento de la industria de la soda en Argentina y Uruguay.

En Uruguay llegaron a existir más de un centenar de fábricas de soda, luego quedaron una media docena y desde fines de la década del ’90 se registra un resurgir de la industria, existiendo nuevamente más de cien fábricas en todo el país.

Andrés Mannisse, propietario de una empresa que vende agua gasificada desde hace casi 100 años en mi ciudad, me contó hace cierto tiempo ya sobre el renacimiento de esta industria, como la consecuencia lógica del achicamiento del mercado argentino para este producto: “La recesión argentina afectó a las fábricas de soda. Solo en Buenos Aires y alrededores había 1.200 fábricas, que ante la crisis tuvieron que mirar para otro lado: Brasil, Chile, Paraguay, Uruguay, Centroamérica e incluso Japón. En nuestro país hace algunos años se abrieron tres o cuatro fábricas por mes. Lo mismo pasó en Chile y Brasil. En este último país no se conocía el sifón y ha tenido un importante éxito. Me decía un fabricante brasileño que el sifón va acompañado de un instructivo para usarlo y que en las grandes cadenas de supermercados muchas veces la gente terminaba echándose la soda en la cara. Es que veían el sifón en la góndola…y apretaban la palanca. Por eso tuvieron que inventarle una trabita, que es una innovación exclusiva del mercado brasileño”.

En la actualidad, Argentina cuenta con una industria de la soda altamente tecnificada, muy desarrollada, capaz de abastecer el mercado interno y proveer de tecnología a otros países. Allí, es la bebida que más se toma, ya sea sola o mezclada con bebidas alcohólicas o jugos.

En cambio, en Uruguay comparte el mercado con las aguas minerales y mineralizadas, que también han registrado un importante crecimiento en los últimos años.

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