Gotas de vida

gotaSuele ocurrir que durante hechos puntuales de desgracias comunitarias la población acude masivamente a donar sangre. Sin embargo, existen también en nuestra comunidad donantes voluntarios de sangre, que varias veces al año y en forma totalmente desinteresada concurren periódicamente a hacer su contribución a los bancos de sangre, sin pedir nada a cambio ni esperar reconocimiento alguno.

A nivel mundial, la escasez de sangre afecta especialmente a varios grupos de población vulnerables para quienes las transfusiones de sangre constituyen un componente esencial de sus tratamientos clínicos. Entre estas personas están las mujeres que padecen de complicaciones de embarazo y parto, niños que sufren de anemia grave potencialmente mortal, así como las víctimas de traumatismos.

En una encuesta realizada por la Organización Mundial de la Salud se indica que de los 124 países que proporcionaron datos, 56 habían registrado un incremento de las donaciones voluntarias no remuneradas.

Según la misma encuesta, el número de donaciones por 1.000 habitantes es en la actualidad aproximadamente 15 veces mayor en los países de ingresos altos que en los de ingresos bajos.

Este dato es motivo de gran preocupación para los funcionarios de la salud pública ya que los países en desarrollo son los que más necesitan contar con un suministro sostenido de sangre segura para el tratamiento de muchas afecciones que innecesariamente aún se cobran un millón de vidas cada año.

En Uruguay, donde la solidaridad es conocida por todos y en diversas ciudades se trabaja en la promoción de la donación voluntaria y la creación de grupos de donantes voluntarios, igualmente es muy importante recalcar la importancia de que los nuevos donantes se conviertan en donantes habituales  ya que es la única forma de contar con unas reservas de sangre para situaciones críticas. Hay que tener en cuenta que al tener la sangre una fecha de caducidad unas grandes reservas en momentos puntuales no garantizan la cobertura en los hospitales.

La salud de todos necesita también el compromiso de donantes habituales y potenciales, pero también de los gobiernos para que sigan estableciendo entre sus prioridades de salud pública a la seguridad de la sangre como factor vital tanto en el tratamiento como la prevención de las enfermedades.

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