Educación y Cultura

Distraídos crónicos

Niños inquietos, que no se concentran, que olvidan lo que se les dice, que fracasan en la escuela. Esas son las características conductuales de los que han sido diagnosticados con el “síndrome de déficit atencional”, que afecta a un 5% de los escolares del país aunque muchos no lo sepan, y puede estar acompañado o no de hiperactividad.

Ahora, además de lápices y cuadernos, algunos llevan a las aulas una pastilla llamada “Ritalina”, un fármaco estimulante del sistema nervioso central.

Déficit Atencional

El Déficit Atencional (DA) es un trastorno que afecta la capacidad del individuo para prestar atención. Los que lo padecen presentan dificultad para concentrarse y a veces para controlar su conducta. Algunos sujetos no pueden estar sentados por largos periodos de tiempo sin sentirse inquietos e impacientes y se los considera hiperactivos.

 Otros que tienen déficit de atención son exactamente lo contrario aunque también tienen dificultad para prestar atención, no son considerados hiperactivos, pero demoran más para hacer las cosas.

Ariel Gold es psiquiatra de niños y adolescentes, fue profesor adjunto de la Cátedra de Psiquiatría de Niños y Adolescentes del Hospital Pereira Rossell y coordinador del curso de Psicofarmacología de la misma cátedra. Entrevistado por la periodista Cecilia Bonino para El Espectador, explicó que “el trastorno por Déficit Atencional con Hiperactividad es un cuadro neuropsiquiátrico, una base biológica con manifestaciones conductuales, que afecta el sistema de auto regulación de la conducta.

Cuando se produce el fenómeno educativo básico aprendemos la posibilidad de elegir ciertas conductas a través de dos frenos: uno es la capacidad de esperar y, el otro, la capacidad de no hacer lo que tengo ganas sino lo que conviene por mí y por los demás. El trastorno por déficit atencional afecta estos dos frenos. Por lo tanto, les cuesta aprender a esperar y a controlar sus impulsos. O sea, que son personas que actúan primero y piensan después”, contó el médico.

A eso se suma la incapacidad de estos niños para controlar las interferencias del ambiente. Esto es, por ejemplo, si está en clase y del otro lado de la ventana hay un perro moviendo la cola, es difícil que la persona pueda mantener su atención en lo que indica la maestra y no en la cola del perro. Es decir, poder soportar estímulos externos.

Gold resume los cuatro síntomas fundamentales que presentan estos niños: “Uno es la distractibilidad: no atiende lo que no le interesa, entonces, en la clase está atendiendo lo que pasa afuera, pero no a su maestra. Impulsividad: es un niño que actúa primero y piensa después. Hiperactividad: el chiquilín se mueve de forma excesiva. Desorganización: están desgreñados a las 10 de la mañana el 5 de marzo, a las dos horas de comenzar las clases. El escritorio rápidamente es un desorden. Son chiquilines perdedores crónicos de cosas. Hay que comprarles 50 lápices sabiendo que los pierden a la semana. Hacen deberes pero se olvidan de llevarlos. Se transforma en algo bastante caótico”.

Alberto Weigle, psiquiatra pediátrico y ex grado 5 de la Cátedra de Psiquiatría Pediátrica, hace hincapié sobre el maltrato que pueden sufrir estos niños si no son diagnosticados.

 “Este problema puede traer como consecuencia un maltrato del chico, psicológico o incluso físico. Porque su inquietud y especialmente su impulsividad conducen a ese riesgo de maltrato. (…) Eso puede conducir a cuadros depresivos importantes por sentirse malas personas, e incluso a que desarrollen conductas delictivas por la baja autoestima que les provoca”, apuntó.

Se calcula que este síndrome afecta a entre el 4% y el 10% de los escolares. Es decir, al tomar el 5% de los 370.000 escolares uruguayos, se llega a la conclusión de que hay aproximadamente 18.500 niños padeciendo este trastorno hoy en Uruguay.

Polémica instalada

 ¿Se está manejando el tema con las necesarias rigurosidad y minuciosidad? ¿El aumento de diagnósticos positivos responde a una realidad o a una tendencia en profesionales y maestros? ¿Qué es lo que hace que un sujeto presente esa forma de relacionarse con el mundo? ¿Hay medicación posible para “ajustar” eso? ¿”Ajustarlo” respecto de qué?

Así plantea el tema el novel portal Uruguay Educa, de la Administración Nacional de Enseñanza Pública, que promete otras entregas sobre el tema y presenta la posición de la psicoanalista María Teresa Arcos. Su recomendación es pensar los sujetos de a uno, caso por caso.

Explica que el síndrome está compuesto de un conjunto de síntomas y signos que pueden verse, también, en varios trastornos tanto del aprendizaje como del comportamiento en general.

 Ante esta dificultad, resulta llamativo el aumento sostenido de casos diagnosticados como déficit atencional, lo cual desemboca muchas veces en tratamientos farmacológicos.

Se habla de Trastorno por Déficit Atencional e Hiperactividad (TDAH) a partir de la definición de ese cuadro en el Manual diagnóstico y estadístico (DSM, por su sigla en inglés) de la Asociación Psiquiátrica Estadounidense (APA).

Arcos señala que “en las últimas décadas las transformaciones en la denominación del síndrome acompañan los cambios de ese manual”. En realidad, los síntomas que el DSM marca como característicos del trastorno “corresponden a rasgos habituales de los niños”: dificultad para fijar la atención, inquietud e impulsividad.

Lo que hace que los psiquiatras estadounidenses consideren que existe un problema patológico es la intensidad de esos rasgos. En el Congreso Latinoamericano de Psiquiatría del año 2004 se habló de que eran características del Trastorno por Déficit Atencional e Hiperactividad las “conductas perturbadoras que enojan al adulto”, destaca la psicoanalista. Además, el DSM IV reconoce que no existen pruebas de laboratorio que puedan conformar el diagnóstico.

En nuestro medio, en un texto sobre el tema (Trastorno por Déficit Atencional e Hiperactividad), se admite que “las cosas no se presentan con límites tan precisos como se describen” en el manual.  Según Arcos, hay “una persistente ambigüedad” en los planteos de criterios diagnósticos del déficit atencional y en las explicaciones sobre sus causas.

En “una época caracterizada por el predominio de una psiquiatría estandarizada y regida por la psicofarmacología”, resume Arcos, “el elemento clave en este proceso es la movilidad del diagnóstico; el elemento fijo es el fármaco y el diagnóstico lo que se modifica, adaptándose a sus efectos”. Por su parte, Gold opina que la Ritalina, “es buena si está bien usada y mala si está mal usada”. “Ahora, no usada por prejuicio o ignorancia, también es mala porque le quitamos al niño la posibilidad de ser ayudado”, sostuvo.

Advierten sobre uso abusivo

La utilización de este fármaco se ha discutido mucho porque hay quienes consideran que se le está dando un uso abusivo. Es decir, que se les receta a niños inquietos o dispersos, pero que no tienen déficit atencional y, por lo tanto, que no la necesitan.

La psicóloga educacional grado 5 Alicia Kachinovsky tiene una visión crítica sobre el uso y abuso de la Ritalina.

En un trabajo que presentó en la Facultad de Psicología, citado por el diario El Observador, se refirió al “síndrome de ritalinización de los centros educativos” y dijo que el “abuso del medicamento está vinculado a intereses económicos de la industria farmacéutica y de algunos profesionales que obtienen beneficios personales”.

Kachinovsky dice que “algunos colegios uruguayos tienen en sus aulas un alto porcentaje de alumnos medicados con Ritalina (sobre todo en colegios privados) y que se ha tomado como parte del paisaje escolar, tener a la vista la fila de frasquitos con Ritalina”.

Teniendo en cuenta que el 30% de las prescripciones de Ritalina en Uruguay son realizadas por profesionales de medicina general, el Ministerio de Salud Pública advirtió tiempo atrás que el fármaco debe ser recetados por especialistas.

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2 thoughts on “Distraídos crónicos”

  1. Buenos días: me siento totalmente identificada por lo sucedido, porque le esta sucediendo algo similar a mi hijo. De la escuela ya nos tienen locos, estamos llevandolo al psiquiatra de la sociedad y hablando con los distintos profesionales. Por ahora solo esta tomando gobal, pero en la escuela la maestra lo retiro de la clase varias veces sin ni siquiera nosotros saberlo. Ahora se lo cambio de clase, y dicen que despues de eso el siguiente paso es cambiarlo de institucion. Sentimos que un niño de 6 años no puede ser tratado de esa manera. La escuela insiste en que tiene que tomar ritalina, pero nos parece un atrevimiento que opinen de algo que corresponde a los profesionales en la materia a decidirlo. Nos gustaría que nos enviaran algun telefono o direccion de correo para poder comunicarnos con algun psiquiatra grado 5 o reconocido en la materia para que podamos tener posibilidad de consultarlo. Realmente es una situacion sumamente dificil para todos y no sabemos que mas podemos hacer. Muchas gracias.

  2. Me parece triste e indigno que en este momento algunas instituciones educativas en Colombia, en el afan de ser pilotos en la inclusión en la educación estén permitiendo que a los niños se les esté medicando con RITALINA.

    Triste es que los niños inquietos, que están llamando la atención por el mundo en descomposición que les ha tocado, donde sus padres viven separados, sus maestros los quieren tener callados, llenenado sus cabezas tal vez con basura mandada a recoger. en donde disciplina es igual a estatua, estén siendo controlados con fármacos.

    No quiero ni siquiera imaginarme en mundo en 40 años. Ese mundo regidop por estos pequeños que fueron masacrados mentalmente.

    ¡No a la RITALINA POR FAVOR¡

    Gloria

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