Todo un problema


Las cifras de la última Encuesta de “Seguimiento a Egresados” del 11º Llamado de Projoven revelan que un 23% de los jóvenes uruguayos no estudian ni trabajan. Si bien la tendencia es a la baja -en 2006 era del 25%- aún uno de cada cuatro jóvenes se encuentra totalmente desocupado.

Los jóvenes son el 63% de los desocupados del país, lo que significa que la situación laboral de este sector de la población no está en sintonía con la baja del desempleo en general y la ineludible realidad de que para los más jóvenes sigue siendo un problema encontrar trabajo.

El problema parece ser que si bien hay en el país nuevas oportunidades laborales estos jóvenes no pueden acceder a esos puestos de trabajo porque no cumplen con los requisitos mínimos puesto que según los indicadores “la matriz educativa no cumple con las necesidades del sector laboral”. Esto remite a dos problemas importantes. El primero es la deserción estudiantil, un flagelo que golpea desde hace bastante tiempo a la enseñanza media y que los gobiernos que han pasado en los últimos años no han podido combatir.

La universalización del acceso a la educación media no implica necesariamente que todos los que ingresan puedan continuar sus estudios. Y no siempre las ayudas que provee la seguridad social a los sectores de más bajos recursos –una asignación familiar de aproximadamente 1.000 pesos por alumno que va al liceo o UTU– son efectivas. La desmotivación es frecuente. Los problemas de los entornos exteriores al aula se llevan a ésta y los docentes no siempre tienen el tiempo ni están preparados para atender situaciones disímiles, y muchas veces complejas, en grupos superpoblados.

Por otra parte, se indica desde la industria y los sectores productivos del país que faltan jóvenes con conocimientos técnicos. Esto se asocia a otra problemática y es la falta de información, no sólo a nivel de los jóvenes sino también sus familias, sobre la existencia de carreras cortas con rápida inserción laboral, carreras técnicas aplicadas al sector productivo y la industria o carreras tecnológicas que están incorporándose a la oferta educativa a través de acuerdos entre el Consejo de Educación Técnico Profesional y la Universidad.

En lo socio-cultural, todavía prevalece mucho la idea de ‘mi hijo el dotor’ y muchas veces los muchachos se embarcan en carreras de las cuales el mercado laboral está saturado.

En definitiva, la estadística del empleo juvenil no sería tan mala si los jóvenes tuvieran la formación que se necesita para los trabajos que generan demanda. Conciliar ambas cosas no es sencillo aunque sumamente necesario. En tiempos electorales es difícil hincarle el diente a estos temas pero no por ello deben ser desatendidos, en tanto que en momentos en que se están armando las propuestas programáticas para el próximo período de gobierno, estos temas no deben quedar afuera. Y, luego las promesas deben ser cumplidas.

 


 

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