Paso del Parque y su museo de campaña

De Paso del Parque es el lugar de origen de los Dalmao descendientes de José Gervasio Artigas y está ubicado alli el cementerio "El Tala", que guarda los restos mortales de su nieta Fidela Artigas Vallejo.

De Paso del Parque es el lugar de origen de los Dalmao descendientes de José Gervasio Artigas y está ubicado allí el cementerio El Tala, donde descansan los restos de su nieta Fidela Artigas Vallejo.

Para los habitantes de las ciudades la existencia de los museos es algo que se da por descontado. Y así, la posibilidad de un encuentro cara a cara con los objetos del pasado está prácticamente garantizada en cualquier ciudad que se precie de tal.

No obstante, mucho menos frecuentes en el mundo son los museos de campaña. Y donde existen -generalmente impulsados por particulares–  suelen ser no sólo expresión de la identidad local, sino objeto de un primoroso cuidado. Tal es el caso del fundado por doña Inés Jones en Paso del Parque, hoy continuado y enriquecido por sus descendientes. El pueblo, por sí mismo también merece una nota.

De Paso del Parque es el lugar de origen de los Dalmao descendientes de José Gervasio Artigas y está ubicado allí el cementerio “El Tala”, que guarda los restos mortales de su nieta Fidela Artigas Vallejo cuya numerosa descendencia que hace que algunos llamen a esta localidad como “el pueblo de los Dalmao”.

Sin embargo, el interés de este pueblito no se agota en esa singularidad. La localidad salteña de Paso del Parque, ubicado junto al río Daymán –aunque allí no parece más que un arroyito–  a 120 kilómetros de la ciudad de Salto, posee una serie de características que lo hacen un lugar digno de conocerse.

Mate amargo, bizcochos y conversación amena de por medio, los 145 kilómetros recorridos esa mañana de domingo desde Paysandú resultaron llevaderos hasta el kilómetro 131 de la ruta 26.  Aunque no hay cartel que lo indique nos habían avisado doblar a la izquierda.
A poco de andar, el camino firme pero con muchos y profundos pozos obligó a la conductora a la maniobra constante y quien esto escribe tuvo que suspender el mate. Los casi 15 kilómetros siguientes no nos cruzamos con nadie. Soledad inmensa, verdes vastedades. Grupos de avestruces a la vista y ovejas por los campos. Caballadas pastando, admirables. Así llegamos al puentecito de piedra sobre el Daymán, pórtico de Paso del Parque.

A la izquierda, el “Parque Viejo” y, en muro de piedra, una placa con la inscripción: “El pueblo y el gobierno de Salto en los cien años de la batalla de Paso del Parque del Daymán”, colocada durante la gestión del ex intendente Eduardo Malaquina.

Museo de doña Inés en “El Parque Nuevo”

Nuestra primer parada fue el museo de la localidad, que funciona en un edificio conocido como “Parque Nuevo”, construido en la década del ’30 por Juan Manuel Grasso, hijo de Juan Grasso –un maestro particular que trabajaba en estancias– y Manuela Artigas Vallejo (nieta de José Gervasio Artigas y hermana de Fidela Artigas Vallejo), quienes fundaron la estancia “La Labor”.  Con sus primeros hijos varones ya mayores crearon la sociedad “El Parque” administrando en propiedad el almacén de ramos generales de la localidad, que ya existía en la época de la revolución saravista de 1904 y que funcionó como hospital de campaña en la batalla de Paso del Parque.

“Cuando Juan Manuel Grasso, el hijo mayor de Juan Grasso y Manuela Artigas, se casó con doña Irene Jones hicieron esta casa en 1935 y le pusieron Parque Nuevo”, explicó Jorge Daglio, un maestro oriundo de Arroyo Malo, casado con Inés Grasso (nieta de Juan Manuel Grasso Artigas), que a poco de recibirse decidió no ejercer la profesión para radicarse en la estancia “La Labor”, propiedad de su suegro y cuyo casco está ubicado a unas pocas cuadras del “Parque Nuevo”.

El “Parque Nuevo” no sólo fue la casa de Juan Manuel Grasso al casarse con doña Irene Jones, sino también almacén de ramos generales de la localidad.
Hoy la propiedad pertenece a los descendientes de la familia, Daniel y Jorge Grasso,  en la parte de la edificación que funcionó como almacén a partir de la década del ’30 es que se continúa con la labor museística iniciada por Irene Jones.

Todo a pulmón y por amor al terruño

Por aquellas épocas Doña Inés no inició el museo con fines comerciales y mucho menos turísticos. Lo que ella comenzó fue una colección privada que se nutrió fundamentalmente de las numerosas armas y objetos de época encontrados en los campos de la familia que fueron escenario de la batalla de Paso del Parque el 2 de marzo de 1904.
Su hermana, Celina Jones, vivía en Artigas. No tuvo hijos y se dedicó a estudiar la historia, especialmente la la época indígena. Al fallecer donó parte de su colección -puntas de lanza, flechas, morteros, piedras talladas con fines utilitarios, etc- a su hermana. Se puede decir que lo que allí hay es un museo desde hace 25 años.

Cuando falleció Inés Jones, en 1988, se dijo que esto no se podía repartir y me otorgaron a mí su cuidado. La verdad que es algo que me gusta mucho”, dice Jorge Daglio, quien dejando sus labores habituales en la estancia “La Labor” reseñó ala historia de muchos de los objetos celosamente guardados en el museo.

Allí hay de todo: armas, objetos indígenas, mapas y esquemas sobre la formación de los batallones en la batalla de Paso del Parque pero sobre todo, cosas que forman parte de la historia de la comunidad allí existente. Objetos que en algún tiempo fueron cotidianos y han quedado en desuso como una vieja bota de potro, un zapato con un estilo difícil de calificar, un escritorio antiguo, los libros de la contabilidad del almacen en los albores del siglo XX, objetos que pertenecieron a doña Inés Jones, como una antigua radio y una vieja vitrola. Una cámara fotográfica que no tiene nada que envidiarles en años, viejos teléfonos, una copa que que donó el presidente Baltasar Brum y obtuvo Paso del Parque en un campeonato de fútbol al derrotar a Buricayupí, Queguay, Gualeguay y Araújo, la bandea del club de fútbol local bordada por la propia abuela de Daglio.

“Esta radio fue comprada por la familia Grasso para escuchar el mundial de fútbol del  ’30. La pusieron en el boliche para que la gente de la zona pudiera esuchar. Era la única que había”, explica Daglio.

Es que allí todo tiene historia, todo tiene un por qué y todo al pasado palpitante de la localidad. Los libros de contabilidad, muestran por ejemplo, el sistema de pagos utilizado por las estancias de la zona a principios del siglo pasado. “Pagaban una vez al año con vales. Cada vecino tenía su libro. Venía el peón y cambiaba el vale en el almacén. Acá se anotaba y debitaba en la cuenta del empleador”, explica Daglio mostrando las anotaciones con rebuscada y clarísima letra hechas a pluma en los libros más viejos.

Han sido incorporados también objetos aportados por particulares, como es el caso de los barriles en que se usaban para importar yerba, adquiridos en un remate por una persona que visitó el museo.

El Parque Viejo

En la noche del 1º de marzo de 1904 algunos de los jefes de los batallones saravistas que estaban acampados del otro lado del Daymán cruzaron a la estancia La Labor para pasar la noche. Seguramente ellos o algunos otros integrantes de esa multitud armada fueron esa noche clientes del almacén “El Parque” (hoy “El Parque Viejo”). El río estaba creciendo y esa misma noche cubrió el puente de piedra. En las primeras horas de la mañana siguiente, quienes dormían en La Labor se vieron sorprendidos por un hecho no esperado: comenzaba la batalla.

Más o menos así empezaba la historia que nos relató Daglio luego de invitarnos a salir del museo y mirar hacia el Daymán. “Imaginate lo que sería esto”, dice extendiendo el brazo por una buena porción del horizonte verde que se abre ante nuestros ojos entre múltiples colinas.
Y continúa: “la batalla fue grandísima porque eran muchos batallones del otro lado del río, que estaba crecido más algunos que estaban de este lado porque habían cruzado la noche anterior”. “Antes que se tapara el puente, pasaron algunos jefes y se quedaron en la que hoy es mi casa. Cuando sintieron el tiroteo, no creían: ellos estaban de este lado y sus batallones del otro”.

“Siempre se ha dicho que Saravia venía peleando tranquilo porque traía muchos días de ventaja y, confiado, pasaba un puente y lo volaba. Sin embargo ejército gubernista contaba con todo el apoyo de Batlle y Ordóñez –entre ellos trenes y armas– y en los trenes de les mandó caballada y armas que descargaron en Piñera (hay una foto de ese hecho en el museo) y vinieron para acá. Cuando quiso acordar le dijeron: `¡Están peleando!’ Y no lo podían creer”,  dice para mostrarnos luego una carta que un abogado saravista escribió a la estancia agradecido porque luego de la batalla le hicieron llegar unos ponchos y otros aperos que en el apuro había dejado olvidados.

“Hay historias, como ésta, que han pasado de generación en generación aunque se van cambiando un poco porque a unos le tira una divisa y a otros otra”, bromea Daglio.

Y aunque el hecho sea contado desde la óptica colorada o blanca, lo cierto es que allí, a corta distancia del lugar donde hoy hay un MEVIR de 20 casas, fue derrotado Aparicio Saravia por las tropas de Justino Muñiz el 2 de marzo de 1904 ante las que perdió un cañón, varias carretas con municiones, armamento y víveres, además de valerosos hombres .

Y ese día, el almacén “El Parque” –que todavía sigue siendo aprovisionando a los habitantes del lugar– fue hospital de campaña.
Este comercio de ramos generales ha pasado por más de 15 dueños. Esto también está testimoniado en el museo de la localidad. Fundado por Manuel Lobato fue alquilado luego a Manuel Cerrudo, después lo tuvo la sociedad Abascal y Aranguren, le siguió  Repeto y Vives (en 1904, cuando la revolución), Montero y Devoto, Diego Estévez hasta llegar a Juan Grasso y su hijo Juan Manuel. Posteriormente ha sido arrendado a varios comerciantes: Acosta y Brum, Teófilo Zabala, Ariel Ibarburu, Daniel Cabrera, Acquistapace y Dalmao. Hace seis años está en manos de Miguel Acquistapace y es lugar habitual de reunión de los parroquianos de la zona, además de un sitio donde se encuentra de todo, desde velas a varitas mágicas de Barbie.

Historia e historias de vivos y muertos

Por si no fuera poco, Paso del Parque, con su ritmo de vida rural y tranquilo tiene otras particularidades, que comprenden tanto a la población actual como a sus muertos. Entre éstos últimos, los hay insignes, ignorados y hasta uno que es poco menos que un misterio.
Hay muertos ignorados porque se supone que en los campos donde se desarrolló la batalla aún hay cuerpos enterrados. El propio Daglio contó una historia de este tipo. “He leído que entre los que venían peleando había unos mellizos. Al caballo de uno le hicieron un disparo en la pata y no podía seguir. El otro se volvió mientras su hermano le gritaba: ¡Andate que te van a matar! Y éste le respondió: ¡No te puedo dejar! Cuando lo estaba subiendo a su caballo lo mataron. El que quedó vivo volvió al otro día a buscar el cuerpo entre los caídos y al enterrarlo le ató un alambre en el tobillo para algún día encontrarlo”.

Enterrar a alguien no es sencillo en Paso del Parque. Los lugareños dicen que cuando alguien fallece al mismo tiempo de avisar al juez hay que empezar a cavar el foso porque el suelo “es pura piedra y hay que abrirlo a barreta”. “Nunca sabés si te va a dar la profundidad o te va a quedar parte del cajón afuera. Es necesario empezar de mañana si el sepelio es de tarde”, dijeron.

Y si de muertos hablamos, Paso del Parque tiene uno que durante generaciones ha llamado la atención de lugareños y visitantes. Algunos le dicen “la momia”, otros “el embalsamado”. Está en el cementerio “El Tala”, de la familia Dalmao-Artigas pero nadie tiene la menor idea quién es ni cuando murió.
Se trata de un hombre de mediana estatura y más bien delgado, vestido con ropa de campo y botas, cuyo cuerpo se ha preservado intacto. Suponen que no fue sometido a  proceso de preservación alguno y que su actual estado obedece a alguna causa natural desconocida.

Todos alguna vez lo han visto. “Hace muchos años, con la humedad se le empezó a bajar la mano y cayó para afuera del cajón. Cada 2 de noviembre la gente iba al cementerio y nunca faltaba quien dijera ‘toquen al finao’ ni quien le diera un golpecito para escuchar el ruido seco que hacía.  Tampoco faltó nunca un gurí que le pusiera una flor en la mano. Entonces uno entraba al panteón -que no tiene puerta sino una reja- y estaba el muerto con el brazo para afuera y una flor en la mano”, comentó Daglio.

La atracción que este cadáver ejerce ha hecho que recientemente se le colocara a su ataúd un vidrio al costado, permitiendo la contemplación desde el exterior. Hoy ya no se puede tocar pero parece haberse respetado la tradición lugareña porque exhibe una flor, roja y de plástico, en la mano.
En el mundo de los vivos, los 200 habitantes de Paso del Parque transitan su existencia con las mismas problemáticas y necesidades de cualquier pueblito alejado de las ciudades: no hay luz eléctrica, tiene dos maestros rurales, un cura da misa cada tres meses, el ómnibus desde y hacia Salto pasa dos veces por semana, muchos de los niños que terminan la escuela no continúan estudios porque están muy lejos de cualquier liceo o escuela técnica, los salarios rurales son bajos.

Un proyecto impulsado por la Organización de Estados Americanos (OEA) basado en las energías eólica y solar, proveyó de energía eléctrica a la localidad ya que UTE no llega a las casas. El proyecto, ejecutado por la Universidad de la República insaló sistemas con paneles fotovoltaicos que generan energía eléctrica, lo que permitió el funcionamiento del equipamiento eléctrico de la policlínica, como nebulizador y esterilizador, y la llegada de energía al salón comunal.

Además, a través de la energía que genera un molino de viento, la población se ha visto liberada del costo del combustible de la bomba que extrae el agua del pozo porque, cabe aclarar, que tampoco hay servicio de OSE.

El asunto es que a pesar de todas las vicisitudes de la vida diaria en el campo y de su apartada ubicación y de las elementales posibilidades de educación a las que tienen acceso quienes allí han nacido, Paso del Parque tiene un museo y habitantes ávidos de lectura que nos pidieron que les dejáramos un diario “para tener algo qué leer, aunque sea viejo”. ¿No es por lo menos singular eso?

Ansias de perpetuación

“Aquí han venido desde intendentes a turistas, escuelas y gente interesada en la historia de la zona. El museo está alejado de las capitales más cercanas como Salto y Paysandú pero su existencia trasciende. Han venido muchos”, explica Daglio a la vez que nos enseña el libro de visitas, en el que se pueden leer diversos mensajes que incitan a continuar con la preservación del lugar y su objetos.

“Gracias por cuidar nuestra historia”, es una de las frases más a menudo escritas. Es que todos los que alguna vez cruzamos la puerta de ese museo de campaña salimos convencidos que todo se hace a pulmón y por amor al terruño, convencidos de que hay cosas que merecen preservarse y conocerse.
Pareciera que todo allí tiene ansias de perpetuación. Como los helechos del invernadero de doña Inés, que gracias a los cuidados de Ana Dalmao, la curadora del museo, están rebosantes de vida aunque hace casi ya 20 años que su dueña ha muerto. Es como si a la historia del lugar, que trasuntan los objetos y palpita en las anécdotas que han circulado de generación en generación, no le alcanza con ser sustancia de la identidad local sino que necesita materializarse en algo concreto: un museo.

Publicada originalmente en la revista Quinto Día.

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26 comentarios en “Paso del Parque y su museo de campaña

  1. Grata sorpresa he tenido al descubrir que las flechas indias que encontrabamos en la Estancia “El Portón” de los Fletcher, a mitad del siglo pasado, y que se las dábamos a Celina Jones, hoy están un museo en Paso del Parque del Dayman, un lugar que recuerda a mi niñez cuando ibamos con la familia a la Estancia del abuelo Leandro Leguisamo

  2. Qué bonitos recuerdos, Manolo.
    Y sí, están allí. Yo las ví. Es un lugar hermoso. Un sencillo museo de campaña que se encuentra muy bien cuidado y hasta tiene una “curadora” que vive en la misma y antigua casa.
    Me falta agregar algunas fotos a este artículo, espero pueda hacerlo el próximo fin de semana.
    La verdad, me encantó el lugar y su historia es atrapante.

    Gracias por escribir, seguimos en contacto,
    Carol

  3. toda esta historia me la conto mi padre
    ,remigio dalmao hijo de zacarias dalmao y justa balbuena el nacio en el 1900 en paso del parque o daiman, no se hablaba mucho de paso del dayman mi padre ayer 11de octubre hizo 15 años que ya no esta fisicamente conmigo pero me gustaria saber algo mas de eso mi correo es auvaja3@hotmail.com gracias

  4. Hola Adelina!
    Un gusto tenerte en el blog. Yo visité Paso del Parque a fines del 2007 si mal no recuerdo. Y lo que vi y me contaron es lo que escribí en este artículo. No se más pero me gustó mucho conocer la gente del lugar y sus historias. Si habrá historias diseminadas por nuestros campos!
    Saludos,
    Carol.

  5. Que bueno encontrar a los Dalmao en este blog! Mi nombrees Mario Luis Pereira Dalmao, hijo de Arlinda Dalmao y mi madre está sepultada en ese cementério. Tengo una hermana que vive en Concórdia y se llama Arlina Renée. Vivo en el Brasil desde el año 72. Soy técnico avícola y agrícola y también Pastor. En mi blog encontrarán mis estudios bíblicos que comenzé a publicar. Un gran abrazo para todos y pueden escribirme. Mario.

    • Hola Daniel, si vienes de Montevideo debes ir por la ruta 3 hasta su unión con la ruta 26 (si no conoces pregunta por la ruta 26 en el peaje del río Queguay en Paysandú). Allí sigues por la 26 hasta el kilómetro 131 y debes tomar un camino que sale hacia la izquierda. Es el camino a Paso del Parque.
      No recuerdo cuánto debes hacer por ese camino pero no es más de cinco o seis kilómetros. Llegas a un puente sobre el
      daymán (parece un arroyito allí) y estás en Paso del Parque.
      Voy a tratar de ubicar el teléfono de la seccional policial de la zona para que puedas llamar para que te asesoren sobre la ruta si te pierdes.
      Luego te escribo,
      Carol

      • Carol, mucho gusto y muchas gracias por la información, te pido disculpas por no haber agradecido enseguida, el paso 8/03 estuve conociendo Paso del Parque, gracias a tu información pude llegar, la verdad un lugar hermoso, singular y con mucha historia, que lamentablemente se la llevan a la tumba, que bueno seria poder guardar parte de nuestra historia y el lugar si que la tiene.
        Desde ya muchas gracias y la verdad no se pierdan la oportunidad de conocer nuestro pasado en el presente.

  6. paso del parque es un pueblito muy lindo esta situado en unhermoso valle,despertar por las mañanas entre el canto de sus pajaros es una realidad mui linda en cuanto pueda ,volvere .

  7. No sabes cuánto me alegra que hayas podido llegar, Daniel!!!
    Comparto lo que dices. Por eso escribí ese artículo por el cual tú te enteraste de la existencia de un pueblito llamado Paso del Parque que tiene un museo de campaña.
    Gracias por hacerme saber de tu viaje y compartir esa experiencia.
    Saludos,
    Carol.

  8. hola mi nombre es celina .hija de maria ines marquez , mi niñez fue en paso del parque y si dios quiere este año voy a regresar para que mis hijos conozcan ese maravilloso lugar,donde tengo recuerdos muy lindos de estancia la labor y la casa de doña irene.saludos a todos

  9. soy alicia cabrera hija de daniel cabrera unos de los duenos del almacen, que se lo vendio a Aquitapache, que era empleado de mi papa
    Pase toda mi niñez con mis hermanos en PASO DEL PARQUE, tengo los mejores recuerdos.
    Pero te cuento que hace 45 o 50 años habia muchos matreros todabia en el pago y bastante peligroso la vida en el almacen.
    ME gusto mucho tu articulo.

    • Un gusto Alicia. Es un artículo que escribí hace ya un tiempo pero creo que toma algunas cosas de la esencia del lugar. Siempre esto y por buscar más fotos en mi archivo y subirlas. Veremos.
      Muchas gracias por escribir.
      Saludos,
      Carol

  10. Excelente publicación,soy un apasionado de la historia de nuestras luchas cívicas y quiero visitar los lugares de las grandes batallas por lo que este material me va a servir muchísimo. Felicitaciones Carol.

  11. Mi abuelo,salteño, Gaspar Texeira zousa en mi niñees allá por 1948 o 1950 me contaba que en su juventud conducía carretas con carga y en un paso del dayman que cruzaba con frecuencia había dos esqueletos de difuntos recostados a un árbol como si en sus ultimo suspiro se hubieran abrazados,cosa que me impresiono siempre y me quedo en el recuerdo, trate de averiguar que Paso era, ya que el no me lo dijo y ahora creo que seria este.No se el el año que sucedió esto.-Se que en ese tiempo de la guerra lo paso mal y los padres lo hicieron ir a brasil-

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