Plantas medicinales, vademécum “verde”

Podría decirse que el siglo XX fue una interrupción en el uso continuado de las plantas medicinales por parte de la cultura occidental ya que históricamente el hombre ha venido tratando de curar sus males con ellas. No obstante, el conocimiento científico existente al respecto avanza  permanentemente y los medicamentos en base a plantas o fitofármacos han pasado a ser parte importante de las prescripciones médicas en países como Alemania o Brasil. ¿Es posible un desarrollo similar en Uruguay?

Las plantas medicinales acompañan al hombre desde sus comienzos. Algunas veces el uso de estas plantas ha estado y suele estar vinculado a una especie de superstición mágica y otras al conocimiento popular pero también son objeto de la investigación científica.

Hipócrates basaba su enseñanza en base a las propiedades curativas de la farmacognoscia y el médico suizo Paracelso (1493-1541), oponiéndose a las creencias médicas de su tiempo afirmaba que las enfermedades se deben a agentes externos al cuerpo y que pueden ser combatidas por medio de sustancias químicas, asentado así las bases de la medicina alopática y la idea de utilizar fármacos que tengan propiedades específicas. Eso sí, aclaraba que todo fármaco puede ser un tóxico, dependiendo esto de la dosis.

A pesar del tiempo transcurrido desde entonces, el conocimiento químico y farmacológico existente sobre las plantas medicinales es escaso: apenas el 10% de la diversidad. Pero además existe otro problema: el 25% de las 250.000 especies de plantas se extinguirán en 40 años debido a la actividad humana.

El tema es relevante puesto que, como señaló Heinzen, en algunos países en desarrollo las plantas medicinales “no son una alternativa, como las presentan en Estados Unidos, sino la medicina de los que no tienen alternativa”. “Hay países en los que el 80% de la población depende del uso de plantas medicinales para el cuidado de su salud”, agregó.

Por otra parte, es necesario aclarar que independientemente del uso popular, extensivo y muchas veces peligro que se suele hacer de las plantas medicinales, éstas pueden dar origen a cadenas productivas que, comenzando con el cultivo terminen con su industrialización para la producción de medicamentos o cosméticos, pasando por diversas posibilidades de usos intermedios.

Con receta

La elaboración de fitofármacos involucra un complejo proceso que comienza por la validación de las plantas medicinales. Este tipo de medicamentos tienen además “beneficios a corto y largo plazo, sociales y económicos”, dijo el químico farmacéutico Horacio Heinzen, egresado de la Universidad de la República y Doctor (PhD) de la Universidad de Goettingen, Alemania.

En este sentido, explicó que son adecuados para las condiciones de salud regionales y existe además una mayor confianza del paciente hacia el medicamento que deriva de una planta, lo que constituye un factor psicológico con el que los fármacos sintéticos jamás podrán competir.
Por otra parte, permiten el desarrollo de políticas farmacéuticas independientes.

Recordó que Brasil ha incluido las plantas medicinales en programas de salud. “Este país fabrica comprimidos, jarabes, lociones y cremas a partir de sus propias plantas medicinales en base a un estudio de muchos años”, dijo.
“Sería muy bueno que uno consiguiera dar a los médicos información farmacológica fidedigna para que usen medicamentos hechos con plantas con la misma confianza con que usan los medicamentos alopáticos de origen sintético”, dijo y agregó: “esto no es fantasía: el 25% de las prescripciones médicas de Alemania son de fármacos hechos a partir de plantas medicinales y eso es posible a partir de un marco sanitario exigente y seriamente definido”.

No obstante, señaló que “no hay que pensar que los fitofármacos son fármacos de segunda”. “Son como cualquier otro pero hay que saber cómo se usan”.

En Uruguay

Consultado respecto a la situación de Uruguay en la materia, dijo que es necesario colaborar para “generar conocimiento real sobre las plantas medicinales”. “Hay un punto básico y es que los médicos les tengan confianza porque si los médicos no recetan, (las plantas medicinales) no entran en la rueda de la salud sino que forman una rueda alternativa y mágica, que no hace bien a nadie porque aumenta la superstición y no contribuyen al conocimiento real”.

Añadió que en automedicaciones las plantas medicinales muchas veces son mal usadas. “Independientemente de esto, hay mucho conocimiento popular que es muy válido y hay que refrendarlo en el marco exacto donde es válido. Hay plantas que se usan porque sirven para una cosa pero si se usan para otra, quizá sean tóxicas”, graficó.

Respecto a la actitud de los médicos uruguayos ante los fitofármacos, dijo que “existe interés”.
“Hay una buena receptividad por parte de la Facultad de Medicina a través del CIAT porque muchas veces se encuentran con casos de intoxicaciones debido a mal uso de hierbas medicinales. El uso de abortivos –que terminan en muertes, insuficiencias renales o extirpaciones del útero—preocupa mucho y a partir de ahí se ha generado un interés por las plantas medicinales”.
“Ahora la Facultad de Medicina está interesada en dictar un curso en conjunto con la Facultad de Química sobre el estudio de plantas medicinales para comenzar a sentar bases en la materia”, dijo Heinzen.
En otras universidades regionales, como la Universidad de Buenos Aires (UBA) existe la Cátedra de Fitomedicina, una especialidad que “está tomando cada vez más auge”.

En nuestro país, no existe aún una reglamentación sobre el uso de medicamentos en base a plantas medicinales y se considera necesario contar con ella porque, entre otras cosas, facilitaría la acción de los laboratorios.
No obstante, Heinzen señaló que la utilización de fitofármacos está contemplada en el nuevo sistema nacional de salud.

En este sentido, dijo que la utilización de cápsulas “que contienen una cantidad conocida, dosificada, de determinada planta que contiene determinados principios activos está contemplada en el sistema nacional de salud como parte de la atención”.
“Se copia un poco el modelo brasileño, país que en esto está mucho más adelantado que nosotros porque además de tener la diversidad de plantas del Amazonas tiene una tradición más larga que la nuestra en el uso de fitofármacos. Los médicos los recetan y ya forman parte del vademécum, cosa que no ocurre en nuestro país donde la medicina tiene una orientación rabiosamente occidental”.

Investigación

Las investigaciones que se realizan en Uruguay sobre plantas medicinales provienen fundamentalmente de la Cátedra de Farmacognoscia y Productos Naturales de la Facultad de Química y algunos laboratorios que han hecho sus propios desarrollos de fitofármacos a partir de extractos de plantas medicinales internacionales muy conocidas y estudiadas.
“Hay dos o tres laboratorios que tienen algunos fitofármacos que se venden muy bien, tales como expectorantes para la tos y mejoradotes de la circulación”, dijo el ingeniero químico Heinzen.

“Está aumentando la cantidad de laboratorios que realizan este tipo de desarrollos porque la población lo visualiza como algo bueno en el sentido de que proviene de la naturaleza y no de una síntesis”, agregó.

Social y económicamente interesante

Existen una serie de consideraciones que se deben tener en cuenta cuando un país decide “embarcarse en hacer fitoterapia” y lo primero “es contar con el suministro de materia prima”.

En este sentido, dijo que una producción nacional medicamentos en base a plantas medicinales tiene implicaciones muy importantes desde el punto de vista económico y social pero debe atender fundamentalmente a su propia sustentabilidad.
El científico sanducero impulsa la idea de cadena de producción de valor y considera que el desarrollo de un cluster agrofitofarmacéutico favorece la reconversión productiva y colabora con la radicación de población en la campaña.
“El sector de las plantas medicinales tiene particular interés para granjeros con pequeñas huertas”, dijo al señalar que la rentabilidad es mayor que la de otros bienes que se comercian tales como la soja, el trigo, el café e inclusive, los arándanos.

“Es importante dar a los pequeños granjeros alternativas rentables económicas atractivas se quedarían en el campo y no emigrar para integrar los cinturones de pobreza de las ciudades”, sostuvo.

Refirió el caso de un grupo de mujeres de Canelones, de la ex zona azucarera de Rausa, que “se pusieron a cultivar en forma orgánica plantas aromáticas y medicinales”.
Empezaron a hacer algo para colaborar a la casa mientras sus maridos se dedicaban a plantar papas, tomates, etc. Diez años después, siete de los hombres dejaron sus tareas de granja habituales para dedicar todo el predio al cultivo de plantas aromáticas y medicinales.
 “En ese contexto, pensado en un términos  de economía familiar y producción intensiva a pequeña escala, es algo que colabora a asentar gente en el campo”, añadió.

Mercado atractivo

El mercado mundial de plantas medicinales y aromáticas es importante y presenta un constante crecimiento, estimado en un 5% anual. Ha sido estimado en 300.000 toneladas anuales, que en 2004 movilizaron 5.300 millones de dólares.
“Existe buen mercado para algunas plantas que se usan tanto en farmacología como en la cocina: menta, orégano, tomillo, manzanilla, mejorana, romero, laurel…Los aceites esenciales se venden muy bien y se piensa que hay un mercado de poder económico muy importante en crecimiento constante”, dijo Heinzen.

A modo de ejemplo, cabe señalar que el valor internacional por kilo de sorgo es de 0,20 dólares y el arándano U$S 0,40 pero el hinojo vale tres veces más que éste último, en tanto que los aceites esenciales tienen un valor promedio de 7,6 dólares por kilo.

Una cadena productiva agrofitomedicinal involucra etapas como el cultivo, la cosecha y post cosecha, para avanzar luego hacia algo mucho más sofisticado como la elaboración de extractos y especialidades farmacéuticas, que son los productos que tienen mayor valor agregado en esa cadena.
“En Uruguay lo que está claramente hecho es poscosecha, secado, preparación de tisanas y condimentos, también se fabrican algunos fitofármacos y se hace algo de destilación de aceites esenciales”, dijo Heinzen.  Aún queda mucho por hacer pero es indudable que la posibilidad de avanzar en estas áreas es, como dijo nuestro entrevistado, “una alternativa válida y útil para pequeños granjeros, el sistema de salud y para hacer un poco de ciencia en el país”. Por Carol Guilleminot, publicado originalmente en la revista Quinto Día

Horacio Heinzen nació en Paysandú (Uruguay), es químico farmacéutico egresado de la Universidad de la República y Doctor (PhD) de la Universidad de Goettingen, Alemania.
Actualmente se desempeña como profesor catedrático de Farmacognoscia y Productos Naturales de la Facultad de Química (UDELAR).
Sus trabajos de investigación, extensión y docencia se centran alrededor de tres temas principales: productos de plantas medicinales con actividad farmacológica, su estructura química y su aplicación en farmacias (fitofármacos); la búsqueda de  plaguicidas naturales (herbicidas, insecticidas y funguicidas); y, la determinación de residuos de agroquímicos contaminantes en matrices alimentarias, no alimentarias y medioambientales.
Es autor de 40 trabajos científicos originales, varios capítulos de libros y tres patentes internacionales sobre aplicaciones novedosas de plantas medicinales.
Trabaja además como consultor de FIDA/MERCOSUR, del MSP y es asesor de laboratorios de especialidades farmacéuticas. Preside la Sociedad Latinoamericana de Fitoquímica.

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11 comentarios en “Plantas medicinales, vademécum “verde”

  1. PAULA ANDREA RIVEROS dijo:

    AGAN BIEN LAS COSAS NO A MEDIAS SOLO AGAN LO BIEN NO TODO MAL COMO ESTE TRABAJO OK OKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKOKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKK

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