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Vida sobre ruedas

Andar en bicicleta usualmente es una forma de transporte o una opción para ejercitarse. Es menos frecuente, aunque existen múltiples ejemplos en el mundo, que sea ni más ni menos que una forma de vida.

Carlos Ferrandis (38) y Nara Alvez (36), un matrimonio de Uruguaiana, Brasil, pasaron por Paysandú durante el primer trayecto de una travesía vital que recién se inicia y los llevará, en principio, por el cono Sur del continente americano.
Ella es maestra y el ingeniero informático, pero por el momento dejaron sus profesiones para hacerse a la ruta. “Queremos pasar bastante tiempo en la carretera, un tiempo medio largo…años en la carretera”, aseguran.


El sueña con llegar a Estados Unidos en bicicleta y ella quisiera pedalear por Europa, para luego volver a América y cuando tengan más edad establecerse en algún lugar que les haya gustado.
Son dueños de un entusiasmo y alegría contagiosa, que se han convertido en sus mejores aliados para superar las dificultades que suelen encontrar viviendo en la ruta: el mal tiempo, la carga del equipo que llevan y hasta la indiferencia de la gente.

Empezaron en 1999 haciendo turismo en bicicleta durante las licencias. Eran viajes cortos de no más de un mes. El primero fue en territorio uruguayo, entre Montevideo y Punta del Este, trayecto que les insumió tres días de pedaleo. “No sabíamos nada sobre andar en bicicleta y además, habíamos salido súper cansados”, recuerdan.

Después hicieron el trayecto entre Montevideo y Colonia y otra vez se tomaron un avión hasta Maceió, en el Noreste de Brasil y allí hicieron cientos de kilómetros en bicicleta por la costa misma del mar hacia el Sur hasta llegar a Porto Seguro.

Otro viaje los llevó a los Andes, en Chile, y desde allí bajaron hasta Esquiel (provincia de Chubut) haciendo el recorrido en 30 días, un poco por Argentina y otro por territorio chileno. “Con los viajes chicos reafirmamos nuestro propósito de salir”, cuentan.

Su último, y más largo, viaje fue un recorrido por el territorio de las Misiones, que incluyó a Santo Tomé, Posadas, Iguazú, Curitiba y Florianópolis. Hacía dos años que no salían en bicicleta y aseguran que en cuatro días ya tomaron “ritmo de pedaleo”. Recorrieron 1.400 kilómetros.

Detrás de un sueño

Hasta hace pocos años Carlos y Nara no habían pensado que podían convertirse en ciclistas viajeros por el mundo. “Antes éramos gente normal, ahora algunos nos dicen que estamos locos”.

“¿Sabés que pasa? Llega un día en que te das cuenta que el tiempo pasa muy rápido y se te va la vida, la salud, muchas cosas. Nosotros trabajábamos bajo luz artificial todo el día, salíamos de nuestra casa de mañana y volvíamos de noche. No veíamos el día, ni teníamos tiempo de hablar con la gente, ni siquiera con nuestros propios familiares…Si tenés un sueño debes buscarlo porque nadie golpeará a tu puerta para decirte acá esta tu sueño. Si tenés ganas de hacer algo hay que prepararse y hacerlo porque nunca sabés cuánto tiempo vas a estar vivo. Creo que la gente vive sin la conciencia de que todo pasa muy rápido. Cuando lo ves, llega un día en que uno dice ‘es ahora o ahora’, no hay otra”, dicen.

“En la ruta todo es muy lento y uno se siente muy cerca de la naturaleza. Estás todo el día pedaleando y pensando en la vida, en la forma de cómo manejar tu vida y cómo cambiar algunas cosas. Creo que la mayoría de la gente no entra mucho a pensar en eso, esta abstraída por el consumismo…creo que es bueno parar un poco y pensar si esa es una buena forma de vivir. Para nosotros, antes amanecía lunes y anochecía viernes. No veíamos pasar la semana. Ahora en bicicleta, el día parece tener 48 horas. Al estar en la carretera todo es muy tranquilo y el tiempo pasa más lento, se puede parar y hablar con cualquier gaucho que pase a caballo y preguntarle cosas. Estás cerca de la naturaleza, hay tiempo para masticar la comida. Para nosotros fue un cambio muy grande y estamos contentos”, dijo Nara.

Una elección 

Al preguntarles si viajar en bicicleta es algo que pensaron hacer desde siempre, aseguran que no. “Cuando tenía 8 años mi hermano trajo a casa un ciclista que estaba viajando por el mundo. Uruguaiana es una ciudad de frontera donde suelen pasar ciclistas. Lo recuerdo contándonos cosas de sus viajes mientras nos mostraba fotos, pero nunca imaginé que un día iba a salir yo a recorrer el mundo en bicicleta. Después mi hermano llevó a otros ciclistas, pero no tuve más experiencias que esas hasta que con Carlos comenzamos a salir en bicicleta”, dice la brasileña.

La pareja, que lleva 17 años de casada y ha decidido no tener hijos, asegura que lo que los llevó a convertirse en viajeros ciclistas es haber encontrado una nueva forma de ver la vida y que además, esta es una forma económica de viajar.

“Para nosotros lo importante es ir cambiando la forma de vivir, no arraigarse en una sola cosa aunque en general eso es lo que le cuesta a la gente. No es que una costa esté bien y la otra mal, son elecciones diferentes”, afirman.

Y ellos han elegido por decirle no a la televisión, al confort y a convertirse en “esclavos” del trabajo. “Es muy importante el trabajo ¿si no cómo vas a comer? Pero la vida no es sólo eso. La vida no es sólo trabajar para cambiar el coche o acumular cosas porque cuánto más tenés, más esclavo sos. En cuanto a nosotros, viajar en bicicleta es algo que pensamos hacer por un tiempo… en el camino pensamos trabajar para tener dinero para continuar el viaje y conocer gente”.

Aseguran que en esta zona de América existe un prejuicio respecto a la gente que anda en bicicleta. “Lo primero que se piensa es que son pobres, que no consumen, que no tienen dinero para pagar un boleto de ómnibus. En la ruta hay muchos autos, muchos camiones y poco importan las bicicletas. En cambio, en Europa es diferente porque la gente está dejando los vehículos y usa más la bicicleta, incluso para ir a trabajar. Allá las bicicletas son respetadas porque llevan una persona y no están tirando humo a la atmósfera, entre otras cosas”.

Ochenta kilómetros por día

Antes de 1999 Carlos y Nara solían viajar en auto, pero una vez que comenzaron a hacerlo en bicicleta ya no quisieron volver a las cuatro ruedas. “En auto vas muy rápido, no ves casi nada y pasás por arriba los bichos”, dice Nara, que en viajes anteriores ha adoptado perros en la ruta para luego buscarles un hogar.

El matrimonio asegura que para viajar en bicicleta no se requiere una preparación física previa, sino que el cuerpo se acostumbra al ejercicio a medida que se hace. Eso sí, recomiendan evitar el sobrepeso y respetar los límites que impone el propio cuerpo: alimentarse y dormir bien, así como parar cuando se comienza a sentir el cansancio.

La velocidad de avance no les preocupa mucho puesto que, si bien no quieren perder tiempo porque por delante quedan muchos lugares por conocer, tampoco tienen urgencia. Avanzan unos 80 kilómetros por día aunque a veces superan esa distancia para llegar a alguna ciudad donde pasar la noche.

Carlos suele transportar una carga de 80 kilos y Nara 60. Llevan todo lo necesario para ser autosuficientes: alimentos para uno o dos días, ropa, vajilla, una pequeña cocinilla, la carpa y colchones inflables, equipos para lluvia y hasta una ducha de cinco litros. Cuentan con el patrocinio de empresas de diversas partes del mundo que les han suministrado elementos necesarios para el viaje, como alforjas, piezas de bicicletas, sacos de dormir y hasta remeras y una hamaca paraguaya.

Viajar en Uruguay es “un lujo”

Cuando llegaron a Paysandú llevaban 9 días de viaje, tras haber partido de Uruguaiana el 8 de agosto pasado. No se cansan de decir que “viajar en Uruguay es un lujo”. Comenzaron su ruta por nuestro país porque “la geografía es plana” y como habían estado mucho tiempo “parados” necesitan adquirir ritmo para subir las precordillera de Córdoba y luego las montañas de la Cordillera de los Andes.

Por la entrada a Paysandú, en la ruta 3 habían pasado muchas veces en auto camino a la casa de la madre de Carlos, en Canelones. “Pasábamos a 130 por hora y no conocíamos la ciudad, sin embargo, andando en bicicleta aquí hicimos amigos que de otra forma nunca hubiéramos conocido. Gente que hace dos vimos por primera vez y parece que la conocimos hace seis meses. Eso suele pasar…al viajar de otra forma la gente también te llega de otra forma. En el camping encontramos a Pablo, un señor que estaba haciendo unas reparaciones en el astillero y acampaba ahí, alguien con quien hemos conversado hasta la medianoche sobre filosofía, economía… es alguien con quien se puede conversar de todo”.

Aseguran que Paysandú les “encantó”, que es una ciudad muy segura, que cuenta con un buen camping gratis -el Guyunusa– algo que no es muy común en otros países donde son arancelados. También sintieron curiosidad por saber por qué no se puede andar en bicicleta por 18 de Julio y Leandro Gómez y preguntaron si la decisión fue tomada a raíz de algún accidente.

A nuestra ciudad la definieron como “muy prolija” y “un lugar donde todo está muy bien arreglado”. “Se ve que la gente valora mucho donde vive. Las casas son bien hechas, muy fuertes, los coches te respetan, los semáforos se respetan, la gente puede salir de noche a caminar…Todo está buenísimo”, aseguraron.
“Viajar por Uruguay es un lujo, incluso en la carretera los conductores de camiones y ómnibus nos saludan. La gente nos saluda, nos toca bocina. Para nosotros Uruguay es un paraíso. En Brasil eso no existe, te pasan por arriba y da lo mismo. Gente en bicicleta es gente que no vale nada…solo vale quien tiene un coche, una moto… Acá los camiones se abren y los coches argentinos -que andan muy rápido– respetan igualmente al ciclista”.

En cuanto al alojamiento, tratan de encontrar lugares gratis donde dormir para ahorrar y hacer que sus gastos se limiten a la comida, Internet o algún imprevisto. Por lo general pasan la noche en estaciones de servicios porque allí encuentran seguridad, baños y a veces hasta duchas. “En Uruguay no siempre hay duchas aunque sí camping gratis, que es algo que no hay en ningún lado. En Brasil, por ejemplo son pocos los camping y gratis ¡ni pensar!”.

También están conectados con una red de hospedaje para ciclistas, que si bien en esta región no es algo muy difundido, en otros países es bastante frecuente. “Cuando decidimos salir en bici por el mundo entramos en los listados y desde setiembre de 1999 recibimos en nuestra casa 23 ciclistas provenientes de Brasil, Japón, Francia, Alemania, España, Austria, Holanda, Bélgica, Canadá…incluso fuimos a Chile en una casa famosa de albergue de ciclistas y ahí conocimos mucha gente y aprendimos mucho con ellos. Hemos conocido gente que tenía 4 o 5 años en la carretera y una de las mejores cosas que nos pasó fue poder hablar con personas que tenían esa experiencia”.

“La gente que anda en bicicleta–no lo digo por nosotros–es buena gente. A nuestra casa han llegado muchos ciclistas. Es una gente muy especial, que mira todo en forma distinta. Le das una silla y ellos quieren sentarse en el suelo porque no le importa la silla. Es una amistad sin interés”, dice Nara.

Esa es la filosofía de vida que han adoptado. Y se los ve felices en su opción. También quieren contárselo a todos y para eso cuentan con una página web donde relatan su experiencia y muestran fotos que van tomando en el camino para que sus múltiples amigos, entre los cuales hay varios que alguna vez dijeron ‘¡qué se van a ir estos locos!’, tengan posibilidades de conocer de alguna manera lo que ellos están viviendo cada día en alguna ruta. Porque han elegido vivir la vida sobre ruedas. 

Artículo publicado originalmente en la revista Quinto Día.

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7 thoughts on “Vida sobre ruedas”

  1. hola, la verdad me encanta lo q hacen ,les comento q tengo 18 años y tengo pensado hacer un viaje en bici el recorrido de buenos aires -tierra del fuego. estoy totalmente de acuerdo con su comentario de”la vida no es solo el trabajo”hay q disfrutar al maximo porq cuando t das cuenta los años se te vinieron encima.les mando un abraso y los felicito.son un ejenplo muy inportante.chau suerte.disfruten.

  2. Hace tiempo supe de Carlos y Nara gracias al libro de Álvaro Neil “Kilómetros de sonrisas”, donde cuenta cómo ellos lo hospedaron en su casa en 2003, en su largo viaje en bicicleta por Sudamérica. Por entonces estaban preparando su gran viaje en bicicleta. Me alegro de haber encontrado información sobre ellos y saber que hicieron realidad su sueño.

  3. Yo conocí a Carlos y Nara hace aproximadamente dos años –quizá un poquito más– cuando pasaron por mi ciudad y los entrevisté. Es el artículo que leíste y que tenía en otro blog que ya no existe y ahora recuperé en este.
    Les seguí la pista hasta Estados Unidos, chequeando en la web que mantenían pero ahora quién sabe por dónde andarán.
    Gracias por escribir,
    saludos,
    Carol

  4. DESDE LA RIERRA SAGRADA ALTO PUTUMAYO COLOMBIA SALUDOS Y MUCHA ENERGIA PARA TODOS LOS BICINOMADAS QUE SIENTEN LA TIERRA DESDE EL PUNTO DE LA VERDADERA LIBERTAD. SON SIEMPRE VIENVENIDOS AMI RANCHO SIN INTERS ALGUNO SOLAMENTE ME GUSTA COMPARTIR HISTORIETAS DE EXPERIENCIAS VIVIDAS EN EL CAMINO, BATSANAMAMA MI MADRE TIERRA

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