María Kodama, memoria viva de Borges

María Kodama no para nunca. “A veces pienso que mi domicilio es un Boeing 737″ bromea. Y en verdad, así es su vida. Se ha echado sobre sus hombros la monumental tarea de difundir la, también monumental, obra de Jorge Luis Borges. Fue su alumna, su asistente, su mujer, sus ojos. Hoy es ni más ni menos que su memoria viva.

A más de veinte años de la muerte del gran escritor argentino y maestro de la literatura universal, esta mujer, que en la calle pasaría desapercibida a no ser por los mechones color nieve que lleva en su cabellera, esta señora de ojos lánguidos, gesto amigable y que mira directa y permanentemente a los ojos, sin maquillaje alguno y que lleva anillos de plata en todos sus dedos incluidos los pulgares, evidencia la presencia de Borges en su vida en todas y cada una de sus contestaciones. Es imposible no notar la sencillez, delicadeza y discreción con que entabla el diálogo con el otro y que trasmite con su mirada y sus gestos.  La gente le pide un autógrafo o una foto y ella consiente, sosegada, amable, elegante. “Quiero agradecer a quienes organizaron este Congreso por haberse acordado de mí e invitarme, a los que fueron a buscarme tan amorosamente a Buenos Aires, a todos ustedes aquí presentes y al cónsul de mi país, con quien pasé un momento maravilloso junto a su familia anoche”, dijo al comenzar su conferencia durante el IV Congreso Nacional y III Internacional de Literatura realizado en Paysandú. Tres días después, ya en Buenos Aires llamó por teléfono para agradecer todas las atenciones recibidas. Así es ella, la viuda de Borges.  Borges llegó a su vida cuando tenía cinco años a través de un poema. “Yo tenía una profesora de inglés que tenía un sistema muy particular de enseñanza: leía que ella estaba leyendo, luego hacía una especie de resumen traducido de acuerdo a mi edad y lo que yo estaba leyendo y seguía la lectura. Entonces, no sé si aprendí el inglés con ella, pero sí aprendí muchas cosas interesantes para mí y como en ese momento esta señora estaba leyendo los dos poemas ingleses que Borges escribió, me explicó lo que eran esos poemas de acuerdo a lo que yo podía entender y ese fue mi primer contacto con Borges. Después, a los doce años, como yo quería estudiar literatura y escribir, un amigo de mi padre que era fanático de Borges pensó que era muy importante que yo alguna vez en la vida escuchara y viera a este hombre que era su ídolo. Me llevó a una conferencia de Borges, por supuesto. ¿Entendí o no entendí? Bueno, esa vez lo vi y luego a los dieciséis años empecé con él a estudiar inglés antiguo, anglosajón, después la vida fue tejiendo toda una historia maravillosa. La nuestra fue una larga vida, muy matizada, compleja, pasando por distintos tipos de relación”, explicó.  Ya antes de conocerlo, la vida de Kodama estaba dedicada a la literatura, sintió siempre una curiosidad enorme por los libros, por la lectura, por saber. Quizás por eso dice que su vida junto a Borges fue una experiencia única.  Hoy su vida sigue siendo muy particular. Vive en Buenos Aires, pero viaja mucho. Tres días antes de llegar a Paysandú -lugar al que llegó por primera vez en su vida para participar en el referido congreso y después de muchos años de no volver al Uruguay, tan querido por Borges-estaba en Europa. Allí está preparando los actos de homenaje por el 20º aniversario del fallecimiento de Jorge Luis Borges, que se cumplirá el próximo año. “A veces en broma, digo que mi domicilio es un Boeing 737, pero en realidad tengo mi casa en Buenos Aires, aunque viajo muchísimo”, dice.  Como presidenta de la Fundación “Jorge Luis Borges”, todo los años organiza en agosto jornadas internacionales y con universidades del interior del país.  “Con la Universidad de Belgrano hicimos acuerdos para dos maestrías en traducción y crítica literaria y científica. Acabamos de lanzar en Chile cursos de español para extranjeros en los cuales también se hace difusión de la obra de Borges, haciéndole conocer a la gente los lugares de Buenos Aires que tanto quería, contándole su historia, etc. Vamos a firmar un acuerdo con el Instituto Cervantes, de España, para hacer homenajes; un acuerdo en París para organizar un congreso sobre traducción y otro sobre Borges traductor y poetas que traducen poetas. Estamos organizando la publicación de la obra completa de Borges y todos los años también hacemos concursos de poemas para estudiantes secundarios, que creo es algo maravilloso porque comenzamos con cinco colegio y ahora son cada vez más”.  Supone que aún debe haber textos inéditos de Borges. “Si alguien conoce alguno me encantaría que nos lo hiciera llegar”, invita. Es que la Fundación ha emprendido la tarea de hacer una recopilación de todo lo que ha escrito Borges desde 1919 en adelante y que aún no tiene forma de libro. “Es una tarea que nos ha llevado mucho tiempo y que creemos será algo muy útil para los estudiosos de Borges ya que allí también se encontrarán todas las referencias por si quieren ver los originales, diarios y revistas. Quien esté haciendo un trabajo de tesis sobre la obra de Borges, tendrá allí la posibilida de acceder a todo ese material de una forma completa”.  Lo dicho, la viuda de Borges y heredera universal de su obra no para. Su contacto con el mundo está signado por llevar a cabo cosas. Ella también es una “hacedora”.  Al preguntarle qué diría Borges respecto al crecimiento de la difusión de su obra, María Kodama piensa, se ríe y habla: “Diría: -‘Bueno, no exageren'”. Y agrega: “era una persona muy modesta; la modestia era uno de sus principales atributos”.  La charla comienza a deslizarse así hacia el terreno personal, la convivencia con Borges. No tiene reparos en contestar, está acostumbra a que lo que le pregunten se equipare más o menos sobre lo que la gente quiere saber de la obra pero también de la vida del maestro.  Está vivo en mí  “Borges por supuesto que está vivo para mí”, afirma. Y explica: “Borges no es un recuerdo para mí. Sigue aquí aunque sé que se ha ido. Lo extraño en los viajes, en cómo nos divertíamos, las bromas que hacíamos la forma de llevar nuestra vida”. “Lo extraño pero también lo siento no como recuerdo, sino como presencia viva”.No obstante, se siente acompañada porque “cuando uno ha querido tanto a una persona el hecho de que otros lo quieran hace que uno sienta algo muy tibio en el amor que otras personas dan al ser al ser que se ama y eso da una sensación de compañía muy fuerte”.  Sin embargo, no soslaya el hecho de que Borges -y por extensión ella misma-fue un tipo polémico. Al preguntarle si siente que Argentina esté agradecida a Borges y su legado, supone que sí. “Como personaje Borges era muy polémico, eso lo saben todos. Era una persona totalmente libre, muy crítico. Nunca medraba con las cosas que decía, decía siempre lo que sentía y pensaba. No tenía ningún tipo de obligaciones y no aceptaba sobornos de ningún tipo y entonces no le importaba decir las cosas como él las pensaba. Y eso le trajo muchas críticas, pero bueno, así es la vida…”  “Borges consideraba al libre albedrío como plenamente necesario. El lo demostró a lo largo de su vida en esa libertad para tomar sus decisiones sin seguir el rebaño, sino haciendo lo que el sentía que debía hacer. La libertad para el era no traicionarse, ser uno mismo y eso lo llevó hasta sus últimas consecuencias”, había dicho Kodama hace un tiempo en otra entrevista donde también se abordó este tema.  El buen humor de Borges  Por otra parte, no pierde oportunidad para hablar del buen humor de Borges. “Me divertí mucho con él; tenía un gran carácter y muy buen humor”. Para ilustrarlo alcanza una anécdota referida al Premio Nóbel que nunca obtuvo.  “El pensaba que mal no vendría, pero tampoco se desesperaba. Un día lo paró un señor en la calle y le dijo: -‘¡Ay maestro, que horrible, cómo puede ser que no se lo han dado! Voy a hacer una novena o una promesa a Dios para que se lo den el año próximo’.  ‘-Dios lo libre de hacer eso, si Dios existe. Si me lo dan yo soy un número más en la lista; si no me lo dan yo soy el mito escandinavo, el hombre que siempre se presentaba y a quien nunca se lo dieron; prefiero ser el mito escandinavo’, dijo Borges. Siempre daba ese tipo de contestaciones…”, comentó Kodama.  Asegura su mujer que en la vida cotidiana Borges no era el de los espejos ni los laberintos. Era erudito pero de una manera muy agradable. Era una persona divertidísima, dispuesta a todo tipo de aventuras, de viajes, de experiencias aún en los últimos años de su vida. “Tenía una manera lúdica de conectarse con la vida, con un enorme sentido del humor, irónico y divertidísimo”.  ¿Qué piensa que escribiría Borges hoy si estuviera vivo? La pregunta no la sorprende, pero piensa un momento y responde: “Habría que preguntárselo a él”. No obstante, se arriesga y dice: “le encantaba todo respecto a los viajes espaciales, me acuerdo que nos sentamos junto frente al televisor cuando el hombre caminó por la Luna, supongo que seguiría interesado en todas esas cosas, en la llegada a Marte.. Para él era también recuerdo de la compañía de su infancia cuando había leído a Julio Verne y de algún modo también es como la base de lo luego sería su literatura fantástica”.  Opinó también la realidad actual tiene algo de borgiana en la idea de laberinto, de Babel, pero que “la realidad supera la ficción”.  Engendrado en Uruguay  Al preguntarle por qué aceptó la invitación para venir a Paysandú, dijo que una invitación es “una cosa cálida, un gesto de amistad” y siempre que puede las acepta.  “Borges quería muchísimo a Uruguay y, además, muchos de sus cuentos los sitúa en Uruguay. Por parte de la familia de su madre era primo de Esther Haedo, a quien quería muchísimo y en la infancia sus vacaciones transcurrían en Uruguay. Además, el decía un poco en broma, un poco en serio que era un poco uruguayo porque había sido engendrado aquí, en la estancia familiar de los Haedo”.  “Yo misma iba bastante a Montevideo hasta que murió Esther Haedo. Ahora hace mucho tiempo que no venía a este país”, agregó Kodama quien afirma que siente tanto placer en hablar con la gente como en escribir cuentos. “Siempre hay cosas maravillosas que se rescatan de los lugares a donde uno va”, asegura.  Obviamente, a dónde sea que vaya le preguntan sobre Borges. Y ella asegura: “no me canso nunca de hablar de Borges, de ninguna manera, me lleva a sentir que está vivo”.  Ya antes de concerlo, la vida de Kodama estaba dedicada a la literatura, sintió siempre una curiosidad enorme por los libros, por la lectura, por saber. Quizás por eso dice que su vida junto a Borges fue una experiencia única. Conoce como nadie la obra de Borges porque a partir de los años ’60 él se la dictó. Lo ayudó en lo que necesitaba para sus conferencias o con los datos para sus cuentos y poemas.  Borges, que desde muy niño sabía que su destino era ser escritor, varias veces le dijo: “-Su padre la educó para mí”. Y al hablar del destino de Borges, ella expresa que “debe ser algo maravilloso y terrible a la vez sentir que uno tiene un destino”. Evidentemente, ella no siente su vida junto a Borges ni el ser ahora la difusora de su obra como el peso de un destino, sino como un regalo de los dioses.

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