Carnavales ¿eran los de antes?

Foto vía IDP

“Los carnavales de ahora no son como los de antaño”,  escuchamos decir mucha veces y si nos preguntamos cómo eran aquellos, la historia y la memoria popular señalan claramente la pérdida de participación popular y de lo que el carnaval tenía de diversión y espontaneidad.

Paysandú se prepara para una nueva edición del Carnaval, pronto comenzará el concurso de murgas y los corsos oficiales…

Durante mucho tiempo el corso fue una fiesta a la que asistían personas de todas las condiciones sociales pero en la medida que el carnaval se fue organizando, fue perdiendo su espontaneidad.

 Papelitos, serpentinas, enormes cabezudos, viejos, jóvenes, ricos y pobres salían a las calles a divertirse o entablaban en las esquinas y balcones verdaderas guerras de agua o huevos.

Tal es la versión del carnaval de antaño registró a fines del siglo XIX el viajero francés Eugéne de Robiano, quien escribió que “en los grandes días de carnaval salen a relucir todos los carruajes que existen en la ciudad; en esa oportunidad van descubiertos y repletos de hermosas mujeres, con peinados y vestidos de baile, empolvadas, escotadas, y muchas veces, disfrazadas”.

Y continúa: “el corso es la gran atracción de la fiesta, que aquí se celebra con una pompa extraordinaria. Es un inmenso cortejo, precedido por el teniente general de policía, un destacamento de caballería y la música militar, y seguido por numerosos vehículos tanto públicos como particulares. Lo constituyen tanto mascaritas sueltas que van a pie, a caballo, en carruajes o trepadas en carros alegóricos o grotescos, como comparsas, vestidas con trajes todos iguales y gran riqueza, que caminando al paso, detrás de una pancarta, van ejecutando, una tras otra, hermosas tonadas. La multitud es inmensa, las calles están embanderadas, la ciudad está transformada, en esto días , tanto el gobierno como los particulares no reparan en los gastos necesarios para disponer decoraciones durante todo el día e iluminaciones durante toda la noche”.

“A la hora del inicio del desfile, la agitación llega a su colmo; durante dos horas el cortejo avanza lentamente, siguiendo un trayecto preestablecido, entre las filas de espectadores, pasa bajo unos veinte arcos de triunfo, y , en todas partes, es saludado con frenéticas aclamaciones”, agrega el viajero.

Sin embargo, una de las cosas que más llamó su atención fueron los juegos con agua: “En los días de carnaval se da una diversión, sin duda muy disfrutada por los lugareños, pero que los extranjeros difícilmente lleguen a apreciar. Consiste, ni más ni menos, en empaparse, entre los miembros de diferentes sexos. A tal efecto, se usan pequeñas bolsas de plomo, llamadas pomitos, que, bajo presión de la mano, dejan escapar por su extremo un chorro de agua”, anotó.

Y sí, muchas cosas han cambiado. Hace algunos años si buscábamos a esencia del carnaval, teníamos que ir a los barrios. A buscar algún viejo tablado, muchachos disfrazados con ropa de la abuela. De esos ya quedan menos aunque en los corsos oficiales sobreviven aún algunos cabezudos  que ya no austan a nadie y los gurises azuzan a patadas y algunas mascaritas que, con su entonación característica, gritan a viva voz: ‘¡ay mirá quién está ahí! Vení querido, que yo a vos te conozco…’

 Y vos ¿qué recuerdos tenés de los carnavales de antes?

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