Testigos del tiempo

Vivimos en un mundo estresado, nos hemos acostumbrado a tener las cosas cuanto antes mejor: comida rápida, coches rápidos, compras rápidas, imágenes rápidas. Somos devoradores del momento rápido. Entonces, encontrarse un día con una caja de fotos viejas y amarillentas impone una pausa para observar allí, detenido, el acontecimiento que define una época o nos aproxima a la realidad cotidiana de ese momento, para preguntarnos cómo hubiera sido vivir con ellos… Y dan ganas de fotografiar ahora para que los futuros que vengan, sencillamente, puedan verlo.

En nuestra civilización, donde la imagen adquiere un carácter preponderante, escudriñar los archivos iconográficos constituye una tarea significativa no sólo por el ocasional valor artístico de la labor realizada por los fotógrafos sino también por su incalculable trascendencia como documento histórico familiar o colectivo.  Inauguración de obras públicas, manifestaciones y sucesos políticos, barrios, edificios, monumentos, fiestas campestres, personajes de la época, calles transitadas por carruajes y peatones, las guerras civiles y sus consecuencias aterradoras, los primeros autos, trasponen la mera descripción literaria y cobran vitalidad gracias a la imagen.

El fundamento y origen de la fotografía se encuentra en la fusión de los hallazgos de la química y de la óptica a principios del siglo XIX. El hallazgo se bautizó con el nombre de «dibujo de luz». Sus inventores fueron el litógrafo Nicéphore Niépce y el escenógrafo Louis Jacques-Mandé Daguerre, asociados a partir de 1829.

Daguerrotipo, 1839. París.

Daguerre mejoró el método hacia 1838 con la ayuda de Arago, miembro influyente del parlamento francés, y consiguió el reconocimiento público del invento. El daguerrotipo fue introducido en el mismo año de su presentación en París, en 1839 y a partir de ese momento es cuando el arte y la tecnología convergen en la cultura de masas.

El retrato, el paisaje, los  viajes de turismo, las expediciones militares, botánicas o arqueológicas, todo comienza a ser fotografiado. Surgen así el álbum familiar, las tarjetas de visita con retratos de personas, celebridades o animales de compañía.

En Paysandú

Aunque es muy difícil de precisar cuándo se tomó la primera fotografía en Paysandú, existen en nuestro medio muchísimas fotografías antiguas que forman parte de colecciones particulares o acervos públicos de notable valor patrimonial.

A modo de ejemplo, cabe señalar que la colección más completa de escenas de la caída de Paysandú corresponde al fotógrafo Emilio Lahore, nacido en Francia en 1825 y fallecido en 1889, quien el  3 de enero de 1865 al otro día de la caída de la ciudad de Paysandú, entra a la misma logrando registrar los edificios bombardeados con un alto nivel técnico.

Por otra parte, en la segunda mitad del siglo XIX existieron aquí varios salones y estudios fotográficos, en tanto que esta era una ciudad de inexcusable parada para los fotógrafos viajeros que recorrían el litoral uruguayo – argentino ejerciendo su arte y trabajando en su profesión.

Sin duda alguna, la actividad de estos fotógrafos de antaño daría para una más que interesante investigación sobre el arte fotográfico decimonónico en suelo sanducero, lo cual no es el objeto de este artículo que pretende ser más bien un modesto acercamiento al mundo de nuestras viejas fotografías.
Desde este ángulo es que nos permitimos traer a la memoria el nombre de algunos fotógrafos que trabajaron en forma permanente o esporádica en este suelo.

Está el caso de Pedro Román Benthoux, fotógrafo francés que llegó a  Buenos Aires en 1860 y trabajó durante algún tiempo en la galería de su tío político Desiderio Jouant. En agosto de 1866 anunció la apertura de una nueva galería en la ciudad de Paysandú y de acuerdo a la información existente, el establecimiento, ubicado en la calle 18 de julio 90 (luego 18 de Julio 224), se llamó Fotografía Artística de Pedro R. Bonthoux y ofrecía “en papel, hule o chapa, tarjetas como las mejores de Buenos Aires”. Murió en un accidente el 15 de enero de 1869. Su viuda, Luisa Peggels, vendió el estudio al fotógrafo español, Manuel Serón.

Serón, trabajó en las ciudades de Paysandú y Salto donde también  instaló un estudio en la calle Uruguay 247, bajo el nombre M. Serón y Cía.
Manuel San Martín fue otro fotógrafo español que trabajó en Paysandú, así como en Mercedes y las ciudades argentinas de Bella Vista y Paso de los Libres. En 1890 era propietario de uno de los mejores estudios fotográficos de Asunción.

Anselmo Fleurquin, un francés considerado una de las grandes figuras de la fotografía uruguaya trabajaba en 1854 como daguerrotipista en Uruguay y hacia 1855 se asoció con Joaquín Olarán y ambos iniciaron una gira por el interior uruguayo y argentino como fotógrafos itinerantes.  Trabajó también con Emilio Lahore y desde 1855 a 1880 estuvo asociado con el fotógrafo alemán, Danz, en un estudio de la calle Rincón 55 de Montevideo, llamado Establecimiento Fotográfico Franco-Hispanoamericano. En 1878 obtuvo una Mención Honorable en la Exposición Universal de París y en 1880 la medalla de oro en Paysandú.

Domingo Alassio, Julio Dorote y Mario Mautone -cuyo estudio se llamó “Aurora Fotográfica”–  son nombres más conocidos en la fotografía sanducera.

El 5 de octubre de 1912 por primera vez publica el diario El Telégrafo de Paysandú –creado en 1910– un un anuncio ilustrado con el grabado de una toma fotográfica.  Correspondía a una casa de calle Uruguay 133, que se remataba.   Publicado originalmente en la revista Quinto Día.

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